lunes, 13 de octubre de 2008

"El temor al concepto de género..."


Un familiar me envió copia de este artículo del Lic. Olmedo Beluche. Hay que incluírlo aquí.


LA IGUALDAD DE LOS SERES HUMANOS.
El temor al concepto de género
Olmedo Beluchemailto:opini%C3%B3n@prensa.com
El anteproyecto de ley de Salud Sexual y Reproductiva, presentado recientemente por el Gobierno, ha generado un revuelo que agita a los sectores más conservadores de la sociedad. Desde todos los púlpitos se grita “anatema”, se hacen proclamas y se culpa al mismo Diablo de ser autor intelectual del proyecto, mientras que otros más sofisticados achacan a la responsabilidad a los “malthussianos” atrincherados en Naciones Unidas.
Los medios de comunicación, en especial la TV, tan cargada de imágenes sexuales a la hora de vender productos, hacen un guiño a los apóstoles de la nueva cruzada, y expresan su “preocupación”. Los dirigentes magisteriales, usualmente tan revolucionarios para otros menesteres, suman sus voces y condenan al proyecto por “promover el libertinaje”. ¡Cuánta ignorancia proveniente de unos “educadores”!
Estaría en peligro la sacrosanta institución de la “patria potestad”. Según una doctora, prominente dirigente de uno de los partidos de la extrema derecha, los médicos no le podrían informar sobre si sus nietas tienen o no actividad sexual. Curiosidad que a mí me parece morbosa, pero ella afirma que en eso consiste la esencia de la “patria potestad”.
Pero lo que más le preocupa a esta gente es el uso reiterativo del concepto “género” en el proyecto. Parece que esta categoría sociológica encierra en sí todos los males. Y creo que no se equivocan.
Dos mujeres prominentes son las precursoras de la categoría de género. La primera, la antropóloga Margaret Mead, que en su libro Sex and Temperament in Three Primitive Societies, publicado en 1935, llegó a la conclusión de que los roles sociales asignados a los sexos no eran de origen biológico sino culturales. La segunda, la gran escritora francesa Simone de Beauvoir, quien resumió el asunto en una frase famosa: “Una no nace mujer, sino que se hace mujer”. El sicoanalista Robert Stoller (Sex and Gender) precisó el concepto de género: “aspectos esenciales de la conducta –a saber, los afectos, los pensamientos, las fantasías– que aún ligados al sexo, no dependen de factores biológicos”.
Hasta los años 50 del siglo pasado se creía que la persona, al nacer hombre o mujer, ya venía con una marca de fábrica que le asignaba no solo lo que podía o debía hacer, sino incluso cómo debía comportarse en sociedad (temperamento). Lo cual fue, y sigue siendo, fuente de sufrimiento para incontables personas en todo el mundo. Todos lo hemos escuchado: las niñas deben portarse bien y estarse quietecitas; los varones pueden ser desordenados o violentos. O aquello de “los hombre no lloran”, “ni juegan con muñecas”. Los hombres a la mecánica o andar por la calle, las chicas a estarse en casa y aprender las labores domésticas. Y luego se casaban y el cura santificaba: “seguirás a tu marido donde quiera que vaya”.
Gracias a la observación de otras culturas, la antropología, la sociología y la sicología descubrieron que las expectativas que la sociedad se hace sobre el sexo de una persona no tienen que ver nada con la biología, sino que son una construcción cultural. Dicho más científicamente, el “género” o “rol sexual está definido socialmente”. Es decir, depende de la sociedad donde naces y vives.
Y, lo que es todavía peor y más subversivo para todos los retrógrados, las expectativas de género pueden cambiar, pueden desaprenderse y se modifican con el tiempo, y cambian con la sociedad. No, no son eternas.
¿Por ejemplo? El gran general Julio César, fundador del imperio Romano, era abiertamente bisexual, sin que eso causara rubor, ni menos se le ocurriera a nadie faltarle el respeto. Otro ejemplo, Alejandro Magno, que extendió la dominación griega hasta la India, era homosexual. Ninguno de los dos cumplía de las expectativas de género en materia de heterosexualidad que la sociedad actual esperaría de ellos. Pero para su sociedad, eran perfectamente “normales”.
Por supuesto que el movimiento feminista echó mano del concepto de género y lo ha utilizado como un arma en su lucha contra la injusticia de una sociedad en que la mitad de su población, las mujeres, es marginada de todos los derechos civiles, solo por haber nacido con vagina en vez de pene. Una sociedad que les fija como único objetivo de vida y realización personal: parir.
Claro que a los conservadores no les gusta que a la gente se le enseñe desde niños que todos los seres humanos son iguales, y que no debe haber discriminación sexual, o que el sexo no es malo. Ni que se les enseñe que los estereotipos sexuales no son más que prejuicios para justificar una situación de opresión contra una parte de la humanidad. Y podemos incluir allí a los homosexuales y lesbianas. Porque el peligro es que se extienda una revolución, que ya ha empezado, en cada hogar, cuando todas las mujeres decidan rebelarse contra la esclavitud doméstica y la sumisión al marido.
En palabras de la feminista estadounidense Kate Millet: “Por ser el grupo alienado de nuestra sociedad, y en virtud de su ira secularmente contenida, el sexo femenino podría desempeñar, en la revolución social, una función dirigente completamente desconocida en la historia”. Por ello, los más risibles son aquellos que posando de “progresistas” y hasta “comunistas” prefieren pasar agachados en este debate porque no hay nada más cómodo que claudicarle a los prejuicios, pues recibes simpatías aparentes por ello, solo aparentes. Seguramente ello explica la casi nula participación femenina en las organizaciones sindicales y de izquierda panameñas, mucho menos como dirigentes, pues solo se las considera para oficios de secretaria o acompañamiento. Si usaran el “enfoque de género” se darían cuenta.
Me quedo con la genial Kate Millet, cuando señala en su libro Política Sexual: “... no cabe alterar la sociedad sin transformar previamente la personalidad, cuya faceta sexual requiere, en particular, una revisión radical y absoluta ...” porque “... la casta sexual prevalece sobre todas las demás formas de desigualdad social” de ahí “la inutilidad de cualquier revolución que deje intacta la unidad básica de explotación y opresión, es decir, la existente entre los sexos”.
El autor es secretario general del Partido Alternativa Popular

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Realmente no comprendo cuál es la euforia de ciertos sectores en negarse a una ley que establece la obligatoriedad del Estado de educar sobre la salud sexual y reproductiva, ya que lamentablemente por la carencia de ese deber explícito y de la mala información que recibe la población, fundamentalmente los jóvenes, es que toman malas decisiones.

Meses atrás decía un ginecólogo del Santo Tomás, que del total de pacientes embarazadas que le llegaban a su consultorio, el 70 % son jóvenes que tuvieron relaciones sexuales por la presión social y por muchas otras causas, pero que no tenían idea siquiera de la existencia de los métodos anticonceptivos y de su funcionamiento, las consecuencias de las relaciones sexuales (hijos, enfermedades, etc) o de cuestiones tan simples como que no era necesario tener relaciones sexuales para demostrarles a sus noviecitos que los querían. Aunque parezca de novela es el día a día que pasa sobre todo en la juventud panameña, a la cual de manera generalizada se le cataloga como que saben más que muchos de nosotros cuando teníamos esas edades, pero lo que no decimos es que lo que saben es una mala información, alimentada por el morbo de los reggaes, películas, novelas y medios de comunicación. En esta línea también se encuentra la gente (sobre todo las mujeres) del campo que se llena de hijos y que viven en pobreza y no pueden esterilizarse, porque hoy día los médicos no las dejan, porque no tienen 30 años, pero a los 20, ya cuentan con 3 hijos; o porque los esposos no las dejan por puro machismo y su inseguridad masculina de que si lo hacen pueden tener relaciones con otros hombres y no se entera porque no le va ver una barriga.

Por otro lado, hay opiniones que indican que esta educación se debe dar en las familias. Pero, qué familias tenemos en Panamá? La mamá que tuvo hijos en su minoría de edad, por también estar desinformada y que sin terminar su educación formal trata de “educar” o más bien criar a sus hijos sola porque su pareja solo lo fue en el momento del acto sexual y hasta minutos antes de enterarse que la mujer esperaba un hijo. Se repite la historia, es una cadena.

Aunado a esto, la Ley estipula el respeto que debe tener la ciudadanía hacia las personas que tienen preferencias sexuales distintas a las heterosexuales, garantizando de manera expresa la tolerancia y el respeto frente a cualquier tipo de preferencia sexual. Estableciendo así la prohibición a la discriminación por cualquier causa.

Por tanto, ante esta ausencia y este gran vacío que es una realidad, le corresponde al Estado como garante de la salud de las personas brindar esta educación a la población. Las leyes no solucionan los problemas pero crean los marcos y las directrices de la vida en sociedad.

La opinion es de una Super Amiga del Venezolano

alejandro canton dijo...

Totalmente de acuerdo.
A.d.o.

ab dijo...

IGLESIA CRITICA ASPECTOS NEGATIVOS DE LA LEY DE EDUCACION SEXUAL Y REPRODUCTIVA.

En el texto elaborado en el año 2006, participaron instituciones gubernamentales, académicas, gremiales y sindicales, organizaciones sin fines de lucro y religiosas, como la Conferencia Episcopal.

José Dimas Cedeño es el Arzopisbo de Panamá. Foto/Archivo La Iglesia Católica de Panamá reiteró hoy su oposición a un proyecto de ley que regula la protección y formación en salud sexual y reproductiva del país por considerar que atenta contra elementos básicos de la sociedad.

La posición de la Iglesia Católica esta sustentada en una carta que el arzobispo de Panamá, José Dimas Cedeño, envió al presidente de la Asamblea Nacional, Raúl Rodríguez, expresando su "evaluación negativa" del proyecto y auspiciando "un diálogo más amplio a nivel de la sociedad sobre este fundamental asunto".

El arzobispo, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Panameña (CEP), afirmó que el proyecto "afecta gravemente en muchos aspectos los elementos básicos de nuestra sociedad".

Recordó que la CEP participó en la elaboración del proyecto y se mostró satisfecha por las sugerencias que fueron acogidas, pero que al mismo tiempo expresó "su seria preocupación y contrariedad sobre varios puntos del texto que, sin mayores cambios, es el mismo que ha sido presentado a la Asamblea Nacional" el pasado 22 de septiembre.

Entre los aspectos negativos, Cedeño mencionó que la iniciativa antepone la responsabilidad del Estado a la potestad de los padres de familia.

Señaló que el proyecto reconoce a todos, menores incluidos, el derecho a tomar decisiones autónomas, libres y responsables sobre su sexualidad y reproducción, "y muchas consecuencias de este ejercicio impactan sobre la familia".

También destacó que las disposiciones parecen promover prácticas "gravemente dañinas" para la integridad física de la persona como es la esterilización, sin que el texto haga referencia a la edad.

Además, indicó, "la afirmación sobre la libertad de decidir si tener o no tener descendencia no contiene explicación si este principio de libre elección (implica) si tener o no hijos se debe tutelar también después de la concepción".

Según el prelado, el proyecto ataca las bases sólidas de la familia y de las relaciones inter-personales, ya que "difunde la ideología del género, por la cual ser hombre o mujer no estaría determinado fundamentalmente por la misma naturaleza, sino por la cultura".

Añadió que la Ley no hace referencia a graves fenómenos como la prostitución, pornografía y otros.

Subrayó que la CEP ha insistido sobre "un compromiso civil para contrarrestar la violencia intra-familiar, la prostitución y la pornografía, que afectan gravemente a las familias en sus personas más débiles".

"Por estos motivos, la Iglesia lamenta expresar una evaluación gravemente negativa sobre el documento presentado a la Asamblea Nacional y auspicia un diálogo más amplio a nivel de la sociedad sobre este fundamental asunto", afirmó Cedeño.

Exhortó a los diputados a evitar la "apresurada aprobación" del documento.

El proyecto, que reposa ya para su próxima evaluación y debate en el Parlamento, fue elaborado por los ministerios de Educación, Desarrollo Social y Salud, la Asociación para el Planeamiento de Familiar y la Caja del Seguro Social, principal casa de salud pública.

La ley, que incluye modificaciones propuestas por escrito por la Iglesia, contempla la confección de una guía sexual para alumnos de primaria (entre cinco y doce años), en la que se les advierte de cómo prevenir enfermedades de transmisión sexual y los riesgos de iniciarse en relaciones anticipadamente.

Este apartado ha generado un gran revuelo entre las denominadas asociaciones "pro-familia" de Panamá, quienes han denunciado la propuesta educativa por violar el derecho de los padres a decidir sobre la educación sexual de sus hijoS.

comentario:
Veo que no menciono nada de los sacerdotes pedofilos que barbaro.

alejandro canton dijo...

Era de esperarse...
A.d.o.