domingo, 12 de octubre de 2008

"El cerebro y las tripas..."




Había escrito que ya no publicaría más artículos sobre el tema del Anteproyecto ...... pero este artículo que apareció en La Prensa hoy no podía dejarlo pasar:

ANTEPROYECTO DE SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA.
El cerebro y las tripas…
Daniel R. Picheldpichel@cardiologos.com
Hacía bastante tiempo que no veía tanto entusiasmo en una discusión pública, como la que ha provocado el anteproyecto de ley de Salud Sexual y Reproductiva (SSR) que presentara a consideración de la Asamblea la ministra de Salud, después de tres años de trabajo de una comisión que se reunió con cuanta gente fue necesaria para tratar de consensuar una propuesta.
Desafortunadamente, al escuchar los argumentos de opositores a la ley, lo que da la impresión es que, desde el primer momento, el objetivo era evitar que fuera presentada y que toda la participación en las discusiones eran simples excusas para no ser acusados de intransigencia. Después de presentado el anteproyecto siguen protestando por las mismas cosas (aunque reconozco que han dejado la cantaleta del condón porque evitar su mención sería criminal). Todo esto, a pesar de que se han incluido artículos y términos en la redacción acordes con sus propuestas. Así, el proyecto consensuado incluye categóricamente elementos tales como: La participación de toda la sociedad en la discusión de estos temas, el respecto al ejercicio responsable de la patria potestad, el reconocimiento de los padres como los primeros educadores y orientadores sobre sexualidad, afectividad y reproducción, la conveniencia de la participación de los padres en la atención de salud sexual de los adolescentes, y la obligatoriedad de incluir los aspectos afectivos y éticos en la elaboración de planes y programas para capacitar a los jóvenes en estos importantes temas.
Aun así, siguen las mismas personas de siempre (que sospecho son muchísimas menos de las que presumen ser), haciendo todo tipo de pataletas, para evitar que se cree una ley sobre el tema. Para esto, se valen de sugerir situaciones hipotéticas que tratan de llevar al extremo la aplicación de la ley causando temor en quienes, con sentido común, considerarán indebida la aplicación de la norma, en el contexto de semejante ejemplo. Utilizando ese mismo mecanismo, veamos las opiniones de nuestros amigos “frenasexuales”.
La principal oposición es que la ley dice que “todos los ciudadanos tienen derechos sexuales” y que no es posible otorgar esos derechos a un menor de edad. ¿Y acaso los menores no tienen derechos sexuales? Me gustaría que esta gente me explicara qué es lo que ejerce un adolescente cuando tiene relaciones sexuales. Si eso no son “derechos sexuales” pues no sé como quieren llamarles. Cada ser humano tiene el derecho implícito a decidir lo que haga con su cuerpo que es, en última instancia, la única herramienta que se necesita para el sexo. El ejemplo del anuncio que han puesto en la radio es absurdo. En ningún punto de la ley se dice que un padre no podrá cuestionarle una determinada conducta sexual a sus hijos o que tendrá que aprobar todo lo que hagan. Ahora, si pretenden que los adolescentes llamen por teléfono a sus padres antes de tener relaciones sexuales para pedirles permiso… su grado de ingenuidad (para no llamarle de una forma más gráfica) es inaudito.
La otra es la manía que han desarrollado hacia el concepto de “perspectiva de género”. Lo que se busca con esto, no es más que evitar la discriminación por razones de género u orientación sexual. A mi modo de ver, estas opiniones “anti–género” no son más que homofobia en su más elemental presentación. En el mundo que vivimos (aunque algunos añoren el Siglo XVI cuando se quemaban en hogueras a los que pensaban diferente) es absurdo ver la homosexualidad como una anormalidad. Exactamente igual que no se debe discriminar a nadie por ser de raza negra, por haber nacido en Asia, por tener una limitación física o por practicar el islamismo o el judaísmo. Tratar de ocultar la homofobia bajo el pretexto de que “la perspectiva de género es impuesta por las instituciones internacionales” es buscar excusas para no decir abiertamente que para muchos, los homosexuales deben ser “ciudadanos de segunda”.
Otra (y para mí la mejor) es el cuento este de que “los padres son los responsables de la sexualidad de sus hijos”. Basado en esto les propongo que cada vez que un adolescente tenga relaciones sexuales (haya o no embarazo), multemos o metamos presos a los padres por la “sexualidad irresponsable” de sus hijos. ¿Verdad que es absurdo? ... pues entonces dejen de decir tonterías y miren el mundo como es y no como ustedes quieren que sea.
Por último, está el tema de la confidencialidad a que tiene derecho cualquiera (al margen de su edad) que busque consejo o atención médica (sea o no por temas sexuales o por enfermedades relacionadas). Una de las claves de la confianza en la relación médico–paciente es justamente esa confidencialidad. Pueden estar seguros que, muchos adolescentes con vida sexual activa, evitarán preguntar al médico al respecto si éste está obligado a contárselo a sus padres. Pero si vamos a ejemplos in extremis, entonces que, si los médicos tenemos que decir todo lo que nos cuentan nuestros pacientes menores de edad, que los curas también digan a los padres lo que un adolescente les dice en confesión o mejor aún, que los abogados denuncien cuando algún cliente, les pide que los defienda por un delito que cometieron… A fin de cuentas, si no hay derecho a la confidencialidad, que se aplique por igual a todos…
Este tema, debe ser visto como un asunto de salud pública y como tal debe manejarse. Hasta ahora, el resumen de lo que ha sido esta discusión se entiende claramente en la página 12A de La Prensa del 1 de octubre. Por un lado, un artículo escrito por Claude de López (pediatra) lleno de datos estadísticos y epidemiológicos, que justifican la necesidad de legislar de cara al problema de salud que esto representa. Mientras, en la misma página, un artículo escrito en tono de pataleta histérica sin un solo dato y lleno de ejemplos y opiniones propias de fanáticos ajenos a la realidad del siglo XXI. Mientras pretendamos enfrentar argumentos cerebrales con respuestas salidas de las tripas, no llegaremos a ninguna conclusión. Ojalá en la Asamblea lo entiendan así y no se dejen intimidar por quienes más gritan… aunque no tengan razón.
El autor es cardiólogo

Mensaje para Anónimo -- Urgente


Anónimo:

Puedo decirte que si antes, cuando trabajaba, tenía una buena comprensión del sufrimiento de mis pacientes homosexuales, ahora lo entiendo "en carne propia."

Sé a qué sabe la soledad...

También sé a qué sabe sentirse "diferente" al ser ahora viudo...

Sé lo que no es tener esa persona que te hace sentir protegido siempre...

Ahora sé por qué uno quisiera, en ocasiones, desaparecer para siempre...

Pero también aprendí que hay que buscar ayuda cuando uno no aguanta más...

Hay medicamentos que lo ayudan a uno a eliminar la idea de querer morir, y no hay que tener vergüenza de utilizarlos.

Y, mira alrededor, que lo más seguro es que encuentres un amigo con quien hablar.

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A.d.o.