lunes, 30 de noviembre de 2009

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La manera más fácil de ir desde Panamá hasta Nepal es volar a Los Angeles, California y seguir desde ahí.

Por lo tanto, el viejo tomó el vuelo nocturno de COPA y se preparó para el primer trayecto de siete horas. Y, al llegar, se metió en un Hotel 8 porque el shuttle del hotel hizo un alto donde él esperaba a la salida del Tom Bradley y al mediodía regresó al aeropuerto para seguir su viaje.
Había preferido no llamar a sus amigos y familiares en Los Angeles. Sería como interferir
con lo que a él le parecía un peregrinaje.

Kathmandú, la ciudad que a los dos se les quedó por fuera porque a ella se la llevaron antes de la cuenta. O sea, que estaba pendiente.

Realmente, querian ir al Tibet, pero con los enredos políticos que había allá nunca les pareció prudente. Y, cuando estuvo en Hong Kong, unos meses antes, se formó una grande en Llasa, por lo que ese misterioso pais quedó descartado para siempre.

-"Aunque quién sabe, porque tú arrancas para donde sea cuando se te ocurra-" le comentó uno de sus hijos.

Por otro lado, había reservado una habitación por cinco noches un un hotel que decían estaba en las faldas de los Himalayas. Claro, no iba a escalar ningún monte, pero la idea de estar en el área le parecía orgásmica.

Había encontrado en el internet que la ruta más barata era Los Angeles - Bangkok - Kathmandú. Y compró el boleto unos seis meses antes para asegurarse de que le saldría más barato. Tenía experiencia en esos enredos.

Entró en el A 330-200 de Thai Airlines, asiento de pasillo para poder ir al baño con libertad -- cosas de la próstata -- y se dispuso a aguantarse las veinte horas del trayecto de LAX a BKK.
Luego, una espera de tres horas y un cambio de avion para otras casi cuatro horas hasta KTM.

Lo primero que lo golpeó al llegar a la ciudad fue el olor a incienso de algun tipo. De hecho, el viejo siempre identificaba una ciudad con un olor que percibia apenas llegaba. Así, Lima le olía a harina de pescado; Madrid a aceite de oliva combinado con pescado; Bangkok a Lavanda; Beijing a humo con gasolina y Panama a basura...

Y ella, definitivamente olía a Bangkok.

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