martes, 24 de noviembre de 2009

-7-
Pero llegaron a la casa del muchacho, no le comunicó lo que le ocurría y lo despidió con su acostumbrado abrazo de oso pero añadió -"Gracias por la compañía-" A lo que el otro contestó: -"Y que se repita."
-"Sí, pero no a Bocas."

Y ya en casa buscó todos los medicamentos que el hijo le había recetado cuando ella murió y volvió a sentirse normal, aunque algo aprehensivo.

-"Simplemente mete en la cartera un cuarto de la pastilla y te la tomas si sientes que la necesitas."

Y así hizo, renovándola cada vez que se desbarataba por no consumirla. Hasta que decidió que no la necesitaba.

El viejo lograba pasar los días bastante bien, pensaba él. Pero las noches no eran agradables.
Realmente, él pensaba que todo estaba normal, pero un día el hijo le preguntó cuántas veces se despertaba.

-"Como tres o cuatro veces.... para ir a orinar."
-"Eso no es normal, papá. Y no es por la próstata porque eso está controlado.-"
-"¿Entonces?"
-" Yo creo que tú estás deprimido y no lo quieres reconocer."
-"Pero yo como bien... lo que cocino...."

Y ahí quedó una de los tantos intentos del hijo para que el viejo enfrentara que no estaba efectuando un proceso de luto normal.

-"Prácticamente le has dado la vuelta al mundo en menos de dos años..... hasta en China dos veces-"
Y hasta había recorrido parte de la Muralla China en Beijing con todo y bastón, porque pocos meses antes le había operado los "juanetes", ambos a la vez.
-"Bueno, para salir de eso de una sola vez-"
-"Sí, pero te dijo el ortopeda que ni él mismo haría eso."

Pero el viejo era terco, siempre decía ella. Y si tomaba una decisión era muy difícil que la cambiase.

En el fondo, el viejo no soportaba enfrentar día a día todas las cosas que le recordaban su convivencia con ella. Y lo único que se le ocurría cuando se aproximaba algún aniversario era tomar un avión y salir.

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