lunes, 7 de diciembre de 2009

-16-

Despertó algo preocupado porque no sabía qué día era. Recordaba que viajando hacia el Oriente hay que añadir dos días -- se pierden dos días. Pero tiempo atrás había tenido que comprar un reloj de pared que solamente marcaba los días de la semana. Así se enteraba de qué día era. La fecha como tal no era tan importante. Pero el reloj no estaba con él. Y la radio de la habitación solamente marcaba la hora. Tocando un botón aparecía la fecha, pero no el día. Además, tampoco se había llevado el celular para investigar el asunto.

En fin, llamó a la recepción y con algo de risa le informaron que era miércoles
-"Ahora sí que estoy enredado, porque ya ví lo que tenía que ver..... Tengo que matar el tiempo hasta el viernes."

Realmente, no eran muchos días. Pero el viejo era de esos que dicen cosas tan extrañas como "si vas a Paris ves la Torre Eiffel, en Panamá el Canal, en Madrid las Cibeles, en Amsterdam la exhibición de prostitutas, y en Kathmandú el Templo de los Monos." Lo demás era acompañarla en sus compras y sentarse en una cafetería a verse la cara, reírse y decir "Mira dónde estamos ahora..."

Se sentó en el restaurante del hotel a desayunar. Aunque era un desayuno de esos llamados buffet y que los turistas utilizan para ahorrar al comer como gorilas en ese momento, saltarse el almuerzo y cenar mejor, él no era de mucho comer en la mañana.

Buscó una mesita para dos que tenia vista hacia las montañas. E inmediatamente llegó un
muchacho a preguntarle si "coffee or chai" -- café o té. A lo que el viejo dijo coffee y lo miraron con extrañeza. Siempre lo confundían con gringo y los gringos tienden a pedir según el lugar, aunque sea por la novedad. Pero el viejo era cafetero.

El muchacho regresó con el café, lo colocó en su lugar y le ofreció crema y azúcar. E inmediatamente le preguntó que de qué país venía.

El viejo no contestó enseguida porque no estaba acostumbrado a que le hicieran preguntas sobre su persona. Pero se repuso y dijo: "Panama".

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