martes, 8 de diciembre de 2009

-17-

En su inglés chapurreado el muchacho le dijo que había conocido un panameño que había intentado subir al Everest pero no pudo, y que de vez en cuando llegaba algún panameño, pero no era común.

-"¿Y ha estado en Nepal anteriormente?"-
-"No, es la primera vez."
-"¿Y qué le ha parecido?"
-" Por ahora bien, pero solamente fuí ayer al Swayammmmm" - "al Templo de los Monos."
-"¿Y qué planes tiene para estos días?"
-"Pues no sé, porque regreso el viernes en la noche y ya ví lo que quería ver."
-"Pero en los alrededores de Kat hay tanto que ver."
-" Me imagino que sí, pero tengo que consultar mi folleto-guía."
-"Mire, yo le puedo servir de guía. Estoy libre mañana y pasado."

El viejo se quedó callado un rato. Y en un momento se le vino a la mente Bocas del Toro y el muchacho.

-"Qué curioso... los dos achinaditos."
Y decidió que iba a contratar al muchacho para conocer lo que quedaba de Kathmandú y sus alrededores.

-"Bueno, empezamos mañana después del desayuno" - le dijo el muchacho.
El resto del día la pasó caminando en el área antigua de la ciudad, conocida como Thamel, que no era más que una especie de Salsipuedes inmensa llena de extranjeros con todas las pintas posibles y una competencia increíble entre los vendedores de toda clase de bisutería, especias, hashish y acentuadores de "hombría."

Y para almorzar se metió en una pizzería a comer algo que en Panamá no le apetecía: pizza. Al fin y al cabo el viejo pensaba que al viajar se hacían cosas inexplicables

Después de unas horas decidió regresar al hotel y quedarse viendo televisión hasta que le llegara el sueño.

Y se acostó pero sintiéndose extraño porque, por algún motivo, la cama la sentía medio vacía.
Estaba seguro de que esta noche su cuerpo no se extendería para ocuparla totalmente.
El recuerdo de los monos haciendo lo suyo, Bocas del Toro y el muchacho.... de repente no se sentía tan viejo.... pero sí muy solo.

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