miércoles, 9 de diciembre de 2009

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La idea de ir a Los Angeles nació en el transcurso de la compradera de ropa para disimular la pérdida de peso. Y en algún momento el muchacho mencionó que le gustaría ir a California a comprar ropa "fashion.
-"Bueno, yo tengo un amigo allá y sé que si le digo nos puede alojar por el tiempo que sea.
-"¿De verdad?" - respondió el muchacho.
-"Podemos irnos por unos diez días y podemos ir al outlet en Camarillo, que queda cerca de la casa de un tío mío. Te dejamos en el lugar y te pasamos a buscar despues." "Tambien hay millones de tiendas en Los Angeles, y la comida no es problema porque hay restaurantes bien baratos. Y el transporte está bien fácil con su Metro Rail que te lleva a cualquier parte."

Y unos días después de los carnavales panameños se vieron metidos en un vuelo de COPA hacia LAX. Allá los recibió el amigo del viejo y se fueron al pequeño apartamento de una recámara.
-"Yo duermo acá afuera en el sofá cama y ustedes en la cama doble mía-" fue la instrucción del anfitrión.
Ninguno de los dos dijo nada.... de hecho, no había nada que decir y se acomodaron el uno al lado del otro
-"Bueno, muchacho, espero que no ruedes..." fue lo que dijo el viejo para disminuir su incomodidad.
- "Cuidado que el que rueda es usted"- contestó él riéndose a carcajadas.

Pero el viejo durmió tranquilo y se percató que su cuerpo se quedó del mismo tamaño. No había necesidad de llenar la cama.

Y al regresar a Panamá, once días después, al depositarlo en su casa, el viejo le dijo al muchacho: -"Gracias por la compañía-" a la vez que el muchacho bajaba unas maletas que parecían baúles, que habían hecho el milagro de llegar exactamente al límite de peso transportando toda la ropa que se le antojó al joven comprador.

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