miércoles, 16 de diciembre de 2009

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Bueno, había volado en aerolíneas orientales y la gran diferencia era la atención personalizada y con buen gusto. No sabía si el personal oriental esgrimía "sonrisas Colgate" -- todo para afuera pero nada hacia adentro.

Se registraron en el International House, o sea el YMCA en el área de Kowloon, el cual el viejo conocía de su viaje anterior con ella. El precio era el mismo porque al dividirlo entre los dos salió a lo que él y ella pagaron por ambos hacía unos veinte años. Y, por suerte, no le dieron la misma habitación. Pero sí en el mismo edificio. La adición reciente era bastante más cara y los dos viejos eran bastante codos.

Como llegaron de noche fueron directamente a dormir -- cada uno en su cama. Y el viejo no tuvo que agrandar su cuerpo porque la cama no era para dos.

El famoso bastón siempre acompañaba al viejo y, si bien es cierto que provocaba mejor atención, también lo metía en líos generacionales. Por ejemplo, en un aeropuerto regañaron al otro por "no estar ayudando a su papá" a moverse en la línea. Pero se las desquitó cuando al comprar un boleto de transporte interno dijo 65 años mientras que el viejo dijo 64 y al otro le tocó un boleto con 90% de descuento. Tarde descubrió que el mero hecho de tener un bastón a la vista le daba el mismo derecho. En fin, fue parte de un chiste del día.

Por algún motivo ambos viejos compartían un sentimiento de vacío. Uno por viudez pero el otro por misterio. Uno que mostraba cariño fácilmente y el otro que escondía todo lo que podia. Pero lo que no se podía esconder era la máscara de sufrimiento bajo la cara de alegría

Para el otro estar en Hong Kong era estar en el paraíso. Las tiendas de lujo de todas las marcas
famosas del mundo estaban presentes y ostentando todo lo que tenían.

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