martes, 29 de diciembre de 2009

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Aprendió a hablar el italiano con rapidez, aunque por un largo tiempo se consideró analfabeta hasta que decidió aprender a leer y escribir el idioma a la perfección.
Alguien le había dicho que tenía todos los requisitos para aprender idiomas con facilidad: perfecta ortografía, oído musical incuestionable, buen manejo de los números.

Al final de su primer año en Italia ya podía pasar por italiano, excepto por sus ojos oblícuos.
Y ese detalle fue el inicio de sus conflictos. Era prácticamente asediado por quienes querían saborear una muestra, lo cual logró sortear, más por temor a ser sorprendido por su pareja que por sus creencias sobre fidelidad.

En fin, no se engañaba porque admitía que estaba viviendo una "prostitución de altura". Hasta que descubrió, por casualidad, el Monte Caprino, a un costado de La Tarta -- el monumento a Vittorio Emanuelle.

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