martes, 17 de noviembre de 2009

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Por costumbre el viejo se levantó a la misma hora de siempre mientras que el joven dormía como en tiempo de vacaciones.

Aprovechó para bañarse y afeitarse rápido.
Se afeitaba enseguida ya como un ritual. Era su manera de declararse oficialmente despierto, aunque no fuera para hacer nada especial.
Se vistió y bajó al restaurantito del hotel y compró café y dulces para dos y los subió a la habitación.

No se había percatado de que lo estaba haciendo automáticamente hasta que depositó las viandas en la mesita y fue a despertar al bulto en la otra cama..... "¡Carajo, casi le doy un beso en la mejilla!"

En ese momento se dio cuenta de que ella no estaba y que estaban en el mismo hotel donde pasaron cinco días hacía pocos años. Por suerte no estaban en la misma habitación....

Él tendía a comentar todo lo que le sucedía, pero prefirió no decir nada. No sabía si sentía vergüenza o si se sentía ridículo.
Y cuando el muchacho se despertó desayunaron y luego de toda la ceremonia de vestimenta del susodicho quedaron ni que gringos o europeos en turismo de tercera.

Bueno, su ropa era toda de marca..... la del viejo era de lo que le había sobrado a alguno de sus hijos. Y las chancletas rock and roll los llevaron a la playa más cercana del pueblo.

La playa estaba frente al cementerio de Isla Colón, y había un contínuo paseo de turistas europeos que satisfacieron la vista de ambos.