miércoles, 18 de noviembre de 2009

-3-

Tenían en común, a pesar de la diferencia de edad, que eran curiosos y les encantaba lo que descubrían.
De manera que, fue un tiempo bien aprovechado y, de paso, divertido.

Después, a buscar una tienda donde comprar una toalla grande porque, como siempre, el viejo no llevó una.... Finalmente encontraron una especie de mercadito donde le vendieron la toalla más raquítica, casi transparente, grande y con precio de pieza de seda tailandesa.

-"Quién nos mandó estar en el paradisíaco caribe panameño de moda mundial....."

Y como a los dos les gustaba caminar se fueron hasta el extremo opuesto de Isla Colón donde se encontraron con una casa azul que por fuera parecía a medio caerse pero por dentro estaba bien sostenida y que resultó ser un almacén de productos "gourmet".

Los emparedados estuvieron a la altura del muchacho que, en efecto, medía seis pies.
-" Y esta noche lo voy a llevar a cenar a un lugar realmente gourmet."

El muchacho tenía ascendencia bocatoreña, y conocía el contenido de la isla bastante bien.
Y se quedaron sentados por lo menos por dos horas bajo una mesa techada fuera de la tienda, observando la gente pasar y los barquitos cruzando de Isla Colón a Isla Carenero y Bastimentos. Esa escena valía la pena lo que se pagó por el famoso almuerzo ye yé.

Y así pasó la tarde del segundo día cuando en algún momento el viejo recordó que había decidido ir a la iglesia. Pero la iglesia no estaba abierta en días de semana. De manera que rezó un Shema Israel en silencio en algún momento y se olvidó del asunto.

¿Shema Israel? Bueno, él tenía sus enredos de orígenes y era lo único que, en ocasiones, generaba alguna discrepancia.

"Y ella ya no está...."