miércoles, 25 de noviembre de 2009

-8-

Lo malo era que no disfrutaba la comodidad de los hoteles. Las camas eran demasiado grandes y demasiado silenciosas. Y quería que su cuerpo se ensanchara para ocuparla toda y así no sentirla parcialmente desocupada.
Curiosamente, lo que más disfrutaba era el viaje en sí. Esperar en el aeropuerto, entrar al avión y especular qué pasaría.
Recordaba que de joven, cuando sus niños eran pequeños le daba mucho miedo viajar en avión. Luego de su partida, el avión podía moverse como quisiese y a él no le daba ni hipo.
Dirían los psicólogos que en el fondo andaba buscando cómo morir.
Él tal vez diría que quería estar con ella.
Hasta que un día su cuñado le dijo muy seriamente: -"Oye, haz un cambio completo de
guardaropa porque se te fue el trasero."
El comentario era chistoso, pero la recordó diciendo "todos ustedes tienen un culito de lo más gracioso."
Y se fue a pesar.
-"Perdí veinticinco libras." Y se espantó de verdad.
De joven siempre fue flaco y en muchas ocasiones lo habían ridiculizado por ello. De manera que el efecto del descubrimiento fue un golpe bajo a su auto-estima corporal.
Se puso a buscar en internet y encontró un reporte de la Universidad de Harvard sobre la superevivencia de los viudos.