jueves, 17 de diciembre de 2009

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Como el viejo se conocía la ciudad como su pito, decía él, decidió que la primera visita debía ser al Peak o, como se dice en panameño. a la "punta del cerro," en este caso el Victoria Peak desde donde se podia ver toda la isla Victoria con sus ciudades pequeñas pero superpobladas de chinos y Hong Kong -- la bahía olorosa -- propiamente dicha, concida como Kowloon, donde vivian la mayoría de los chinos.

Y para ir de Kowloon, donde estaba el hotel de los viejos había la alternativa de ir en autobus o cruzar la bahía de Hong Kong en los ferrys verdes que por casi ningún dinero hacen el viaje de tres minutos de un lado al otro. Naturalmente
es la mejor manera de hacer el recorrido.

Ya en el lado de Victoria el asunto era ir hasta la pequeña estación para tomar un trencito asustador y subir a la punta del cerro y luego bajar en un autobus que lentamente va serpentineando hasta llegar a la base.

En el cerro el viejo recordó que allí le mandó a fabricar a ella un "chop" -- un sello de piedra con su nombre en chino y el nombre de Panamá. Se lo regaló para que pudiera pegarlo a los cuellos de las camisas que confeccionaba y los vestidos que ella se hacía. Y recordó que le dijo que había sido el mejor regalo.

El muchacho -- ya se refería así a sus acompañantes -- decidió buscar alguna pieza para su esposa y el viejo quería una sortija para él. -"Pero que no sea cara sino de acero y a la moda de ahora."

-"Sí señor. Me queda una Breil que es la única en venta en el mundo, porque cambiaron de diseño. Y si es su número se la doy por casi nada."

La vendedora, una chiquilla muy bonita y segura de que iba a hacer la venta, le mostró un anillo algo ancho con una especie de cruz que le sobresalía en forma extraña y adentro se leía la marca Breil, que es una marca italiana de bisutería fina de acero. Y, definitivamente que le quedó como hecho para su dedo.