lunes, 31 de mayo de 2010

"¿Diversidades?" ... ¿concepto nuevo?




Participé de una micro-reunión social compuesta por personas que en esta época se les denomina "diversas."

Realmente, confirmé que no me crié en los tiempos de las palabras o expresiones escritas o habladas denominadas "políticamente correctas." Pero recuerdo que esto de "ser correctos en política" fue un invento gringo para no perder votos de personas que no pertenecían al grupo WASP --white, anglo-saxon, protestant-- que en aquellos tiempos parecía constituir la mayoría --blancos, anglo-sajones, protestantes.

Puedo entender lo anterior porque el resto de la población era, en efecto, muy diverso. En mis tiempos se llamaban negros, indios, latinos .... pero nada de afro-american y cosas por el estilo. Pero ahora veo que cuando se habla de "diversidad" se está refiriendo, básicamente, a la "diversidad sexual." Y mientras antes se hablaba de "homosexual" ahora es "gay".... "diverso."

Como el mes de Junio es el mes en el cual se conmemora el PRIDE / ORGULLO -- fíjense que ya no siempre se incluye la palabrita "gay" -- voy a escribir unas cuantas entradas analizando la utilización de palabras que no siempre son culturalmente aplicables a personas fuera de gringolandia..... ¡ups!... esto no fue políticamente correcto... pero no estoy por votar en ninguna campaña... y con la ley de Arizona mejor ni me acerco por esos lares, así que, mi voto no interesa.

N.B.: La Izora es una matita muy resistente, pero cuando se convierte en bonsái -- ya es 'diversa' -- se torna muy delicada y, en algunas creencias, se recomienda no tenerlas dentro de la casa porque como son artificialmente mantenidas como enanas, "constriñen" el desarrollo de todo alrededor. ¿No les suena como un concepto similar a cuando se cataloga a alguien como "diverso" en nuestra sociedad actual?

viernes, 28 de mayo de 2010

Caminata por la Diversidad


Varias asociaciones, encabezadas por la AHMNP, están organizando la Caminata por la Diversidad, la cual se sumará a las que se estarán realizando en ciudades importantes de todo el mundo. En general se les llama Pride 2010.
Pero ¿qué es esto del "orgullo" implícito?
Jon Barrett, Editor Jefe de The Advocate, escribió la nota editorial de junio/julio 2010. En ella comenta que orgullo y Orgullo no son la misma cosa. La primera implica el orgullo de ser sí mismo y aceptarse con lo positivo y negativo. La segunda es una celebración específica.
Según Barrett, el 'orgullo' se debe celebrar a diario. Para el "Orgullo" hay que esperar una fecha específica en junio.
Me pareció muy interesante la observación. Y espero que la mayoría de los asistentes sientan orgullo en la celebración de Orgullo 2010.
http://www.advocate.com/Print_Issue/From_the_Editor/Editors_Letter_June_July_2010/

jueves, 27 de mayo de 2010

Comentario sobre "Hours Have No Days"



Recibí este comentario que se publicó en Blurb.com sobre la versión inglesa de "Las Horas No Tienen Días." Preferí traducirla traducirlo por pàrrafos.

Gracias, Tom



Thomas MacLeod El 24 de mayo a las 11:43

Never having been married myself, I felt that perhaps it would be difficult to understand the feelings of one who has been the recipient of the bounty of a forty year association with a partner who obviously generated the willingness to give freely as he did to her.

Como nunca me casé, pensé que tal vez sería difícil comprender los sentimientos de alguien que fue el recipiente de un tesoro de cuarenta años a través de la asociación con una pareja que obviamente generó el deseo de dar tanto como lo hizo él.

Reading the book “Hours have no Days”, I wandered off in my thoughts and became aware of things that were unconsciously already there and that there were people in my life who was a bounty to meet even though it was all too short, but not short enough to have been a lasting that still exists.

Al leer "Las Horas No Tienen Días" (en inglés) mis pensamientos vagaron y realicé que había muchas cosas que estaban inconscientemente presentes y que hubo personas que estuvieron por perìodos cortos en mi vida, pero no tan cortos como para que el recuerdo no fuera duradero.

The intense sorrow caused by the loss of a deeply loved one brings on despair in its many forms, hopelessness, desperation, depression, discouragement and dejection. However, is not an ill wind that blows no good, as often grief transforms a lost bounty into an enduring treasure of accumulated memories of which there is no equal, a joy that is set aside in a cache that is continually updated and dispensed when the need. As long as the other partner lives, his memories of her still make its contributions of a loving companion in the matrix that is life.

We may be getting on in years, but we are still young at heart.

La intensa pena causada por la pérdida de un ser querido causa desesperanza de muchas maneras - desánimo, depresión, minusvalía... Empero, no es un viento dañino ya que muchas veces el sufrimiento transforma un tesoro perdido en un cúmulo de memorias sin igual, una alegría que se guarda y es extraída para ser distribuída cuando se necesite. Mientras el otro miembro de la pareja exista, los recuerdos de quien se fue seguirán contribuyendo en la matriz que es la vida.

Podemos envejecer a través de los años, pero somos jóvenes de corazón.

N.B.: El Monte Everest siempre será una inspiración......

miércoles, 26 de mayo de 2010

Entrevista sobre uniones sin sexo



Esta entrevista solicitada por La Estrella de Panamà para la Revista Facetas prefiero publicarla para asegurarnos de que no se enrede el puerquito entre las patas del caballo, como dicen en mi tierra.... Santiago de Veraguas.

Después de leer Facetas pueden venir al blog y comparar lo que escribí vs. lo que se publicò de mi entrevista.



From: mrodriguez@laestrella.com.pa
To: alejandro_cant_n@hotmail.com
Subject: ATENCIÓN
Date: Mon, 24 May 2010 10:20:34 -0500

Buenos días Dr. Cantón
Espero se encuentre bien de salud. Nuevamente le escribo para solicitar su apoyo para un tema de sexo. Me confirma si esta vez puedo contar con su colaboración....
¿Es posible un matrimonio sin sexo?
Sí es posible, pero no es lo más sano para la relación. Aunque me imagino que se refiere al sexo como lo concebimos en general: copulaciòn. Porque para muchos el sexo puede ser simplemente estar abrazados con cariño y sintiéndolo con sinceridad -- por ejemplo, parejas muy mayores.

Son muy frecuentes las parejas casadas o en unión libre que pierden todo interés por las relaciones íntimas. Volver a encender la pasión es bien difícil , aunque no imposible. Qué piensa usted sobre esto????

Factores como depresión post-parto, sentimientos de culpabilidad o agresividad por infidelidades, trastornos fisiológicos específicos que van en detrimento de la función sexual pueden obliterar el deseo sexual... A esto añadamos el consumo de alcohol y/o drogas ya sean legales o ilegales y abuso sexual y psicológico.
Mas, la ausencia total de deseo sexual generalmente es enfocada en una sola persona -- la pareja. Y puede deberse a cosas tan importantes como incompatiblidad sexual..... no están de acuerdo con el "repertorio" que le agrada a la pareja y no se logra hacer un acuerdo y se va acumulando resentimiento....
Siempre es importante buscar ayuda profesional ya que esto no revierte simplemente con un cambio de disposición.
Podría explicarme si hay algún factor psicológico que influye en la pareja y que hace que se pierda el ínterés por la intimidad o por el sexo????? Como ya escribí, no hay un factor sino varios.
¿Deme algunos consejos para esas parejas que podrían estar pasado por esa situación?
Buscar ayuda profesional calificada.


N.B.: Para una escena de paz me remonto a Nepal.

martes, 25 de mayo de 2010

Riesgos de la palabra "Homofobia"


La AHMNP está haciendo un cabildeo muy importante ante la Asamblea de Diputados de Panamá para lograr la creación de una ley en la cual, de manera específica, se prohíba la discriminación y la violencia en contra de cualquier persona en función de su orientación sexual.

La "comunidad" ha tenido la constumbre de contra-atacar cuando cualquier persona manifiesta su desacuerdo con ella. Y en este caso el arma es llamarlos "homófobos", "homofóbicos".

Mi recomendación es que se recuerde que muchas de las personas podrán estar en desacuerdo con el proyecto. Y habrá uno que otro que podrá sufrir la enfermedad conocida como "homofobia," el terror-miedo inexplicable al homosexual y similares. Las demàs son personas que, por razones individuales, no están de acuerdo con que las personas "diversas" tengan la misma protección legal que el resto de los panameños. Estos no son "....fóbicos."

De manera que, recomendaría eliminar del proyecto en cuestión el término "homofóbico", "homofobia", "transfobia," "bisexualfobia"....... Y cuidado con que se me tilda de homofóbico porque se me olvidó alguna otra categoría.

Diríjanse, simplemente, a lidiar con el tema real: todos tenemos el mismo derecho de que no se nos discrimine por ningún motivo, y si hay que especificar alguno pues hay que identificarlo. Pero no se adelanten a utilizar el arma-nomenclatura "coloquial" para atacar.

En fin, es simplemente mi opinión.

N.B.: ....y hay que sonreir ante el futuro...

lunes, 24 de mayo de 2010

Hablando de escribir.....


Esto de dedicarme a escribir como mi oficio a tiempo completo está resultando más complicado de lo que esperaba. Pero no me malinterpreten. Me fascina.

Lo mejor es cuando empieza a fluir el torrente de ideas a partir de un guión mental que alimenta el proceso. En ocasiones es tan intenso que da la impresión de que es como una bala de cañón que no se sabe en qué momento se detendrá, y si chocará contra algo.

Pero lo peor es cuando se ha terminado de pasar todo a la computadora y hay que leer todo lo que aparece en la pantalla y empezar a corregir.

Anteriormente tenìa la ayuda de Emita y eran pocos los errores que se nos escapaban. Y ya tenía algo de experiencia porque mi padre me pedía que lo ayudara a buscar errores en sus manuscritos.

Con el modernismo existente a través del internet recomiendan pedir un par de libros de muestra, buscar "gazapos" y volver a subirlo para imprimirlos en su forma final.

Quedé impresionado con la "gazapera" que encontré tanto en español como en inglés al revisar "Las Horas....." Y espero que el producto final no se me convierta en un pequeño zoológico.

Y otra cosa, el siguiente libro, que ya inicié, tiene un tema que no tiene nada que ver con sexualidad en ninguno de sus vertientes. Ya es tiempo de ver otros horizontes creativos literarios. Aunque "el tema sexual vende"......... pero a estas alturas no todo se trata de vender sino de disfrutar la producción del producto.

Amén

N.B.: Estaban buscando un modelo de tercera edad en Singapur..... lo querían más viejo.

viernes, 21 de mayo de 2010

De Ricky Martin y otras yerbas




So, what's new!?


De todo el bochinche, especulaciones y los "se supo" de casi toda la comunidad, lo único que encuentro positivo es que Ricky Martin tiene una imagen lo suficientemente conocida como para hacer buena propaganda sobre la prevención del VIH.


Y parece que ahora sí terminó el censo.... Me preguntaron aquello de la ascendencia afro ... Pero cuando vino la pregunta de mi profesiòn ya no contesté "psicólogo clínico."


En efecto, estoy haciendo algo que siempre soñé con lograr: Dedicarme a escribir a tiempo completo. Por lo tanto, contesté "Escritor."


Por suerte que no indagaron qué calidad de escritor.... Yo hubiera contestado "Lo máximo".... soy de Aries y nos creemos la divina garza en patines. Pero, en realidad, serán mis lectores los que decidan.


Por lo pronto, en Julio debo tener suficientes copias tanto de Machito y Horas No Tienen Días en mi casa como para poder venderlas directamente sin necesidad de que los panameños tengan que pedirla a gringolandia. Y, debe ser más barato que en las librerías...... Se podrán obtener, a petición, escribiendo al blog . Y aquellas personas que les gusta darse una vuelta por Video 1985, habrá para que ellos alquilen este material de lectura.


N.B.: En la foto estoy "rezando" en un taxi en Katmandú.... no pregunten por qué....
Y, de paso, complacerè al anònimo que quería ver una foto de Ricky Martin y no la de "un viejo loco." Le tocará ver ambos....



martes, 18 de mayo de 2010

Día Mundial Contra la Homofobia


Ayer, 17 de Mayo, se conmemoró el Día Mundial Contra la Homofobia.

Para empezar voy a explicar qué implica, realmente, la "homofobia."

Una "fobia" es un miedo irracional, prácticamente paralizante, a algo y, por lo tanto, está clasificada como una enfermedad tanto por los gringos en su DSM como por la Clasificación De Enfermedes a nivel Internacional de la Orgalización Mundial de la Salud.

De tal forma, una "homofobia" es el miedo irracional al homosexual y a todo lo relacionado.

Esto, en principio, clasificaría como psiquiátricamente enferma a la gran población que es señalada como "homofóbica." Y no habría suficientes psiquiatras, ni psicólogos clínicos para tratarla.

No creo que la terminología sea correcta, puesto que en estos individuos no hay un "terror paralizante." Por lo contrario, son muy activos en las diversas formas de hacerle la vida imposible a las personas de orientación sexual "diversa." En realidad, son "rechazantes de homo... lo que sea." En USA ahora los llaman gay haters, en contraposición a gay lovers, que serían las personas que apoyan a los gays.
Por ejemplo, la gente que me ha rechazado no los puedo catalogar de "homofóbicos." Simplemente no les agrada una parte de mí. Y están en su derecho, aunque me duela. Ahora bien, su rechazo, si no lo manejo bien, me podría causar problemas emocionales, y ya eso es responsabilidad mía.

Mi opinión muy personal es que este rechazo se ha reforzado, a través de los años, por el comportamiento socialmente y sexualmente irresponsable de muchos miembros de la comunidad "diversa." Si bien sé que no es la mayoría, son los más notorios y los que refuerzan el estereotipo negativo.
De manera que, yo prefiero referirme a la fecha conmemorativa de ayer como el "Día de Repudio a la Discriminación y Violencia Hacia las Personas Diversas."

¿Qué hacer? Ni idea, aparte de encomiar a los que dan el buen ejemplo.

lunes, 17 de mayo de 2010

Hijos de padres "diversos" y discriminación


Acabo de recibir una nota de Harry Fox, Director de Programas de Religión y Fé de Human Rights Campaign.

"Hace unos días a un niño de tercer grado de una escuela católica de Boston se le rescindió la matrícula de la escuela 'simplemente porque sus padres son un par de lesbianas'.

Pero esto no es lo peor -- no es un incidente aislado. Hace un par de meses en una escuela primaria en Colorado se expulsó a dos pre-escolares (sí, pre-escolares) por la misma razón.

Y estos son unos cuantos casos que conocemos.

¿Se ha excusado la jerarquìa de la Iglesia? No. Han manifestado que está mal la discriminación en contra de niños y familias LGBT ahora y que no discriminarán en el futuro? No.

Sabemos que la Constitución --de USA-- protege los derechos de las instituciones religiosas, que pueden ser inconsistentes con leyes estatales en contra de la discriminación. Pero esto no lo convierte en correcto. La Regla de Oro -- trata a los demás como quisieras que te trataran a tí -- debe ser aplicarse a todos."

Tengo amistades -- parejas gay -- que tienen niños; generalmente uno es el padre biológico a través de un vientre de alquiler y el otro es padre adoptivo. Hasta ahora no han tenido mayores dificultades, pero no deja de preocuparme cosas como las que estamos leyendo.

Y seamos realistas, no se puede centrar todo en la Iglesia Católica. La discriminación empieza desde el hogar.







domingo, 16 de mayo de 2010


Bueno, aquì les transcribo toda la novela corta "Los Días No Tienen Horas."

Pero si quieren la versión en libro sí hay que comprarla haciendo "click" sobre las portadas de enlaces correspondientes Después veré si puedo traer copias para venderlas en la Feria del Libro. 

Agradeceré sus comentarios.

LAS HORAS NO TIENEN DÍAS

  Alejandro Cantón-Dutari, Ph.D.

 

La Escapada .... ¿o el escape?

Bocas del Toro

Odia las misas para los muertos, y peor aún los siguientes nueve días en los que se supone que los deudos deben permanecer juntos y recordando a quien se fue... o la fueron.... porque en su caso, a ella se la llevaron sin su consentimiento.
De manera que en esta ocasión decidió no quedarse a honrar su memoria en una misa varios años después de la partida.
Y se buscó un amigo que lo acompañara al Caribe por unos tres días.
Suena como una cuecada, pensó, pero tampoco le provocaba irse solo.
Definitivamente que habrá una iglesia para entrar y dedicarle un par de oraciones.... cosa extraña para alguien que se consideraba más judío que católico..... bueno, cosas de la enseñanza entre curas.
Y al registrarse en el hotel se sintió un poco raro cuando no anotó el nombre de ella sino de él.
En todo caso, el hotel se conocía como "gay friendly", por si acaso.
Y lo cierto es que toda la isla era amistosa, y a nadie le parecía extraño ver a un viejo con un joven caminando por ahí o montándose en una panguita a motor para pasear por el archipiélago bocatoreño de Panamá.
¿Quiénes quedaron en la capital? Los hijos y los nietos, quienes parecían estar de acuerdo con el viaje del viejo. Al fin y al cabo, a él le gustaba andar trotando por el mundo.
Y para el viejo, este trote parecía tener las mismas características de todos los anteriores: pasar varios días en un mismo lugar, conocerlo bien, reírse de los demás y de ellos mismos para regresar con unos años menos.
Como llegaron por la tarde, los dos caminaron por ahí, vidajenearon a los turistas y nativos y buscaron un lugar no muy caro para cenar.
Luego, a la cama porque el viaje había sido un poco tropezado por una violenta tormenta que los retuvo en el aeropuerto por más de una hora antes de poder salir y llegar retrasados a Bocas con el respectivo susto.
Un poco antes de perderse en el sueño se dijo: "Qué vaina.... en lugar de ella....." Pero le agradeció la compañía.
Bueno, ella habría exigido una cama doble y no dos sencillas. Y habrían "celebrado" la llegada al nuevo habitat temporal.
Ahora no había nada que celebrar.

Por costumbre el viejo se levantó a la misma hora de siempre mientras que el joven dormía como en tiempo de vacaciones.
Aprovechó para bañarse y afeitarse rápido.
Se afeitaba enseguida ya como un ritual. Era su manera de declararse oficialmente despierto, aunque no fuera para hacer nada especial.
Se vistió y bajó al restaurantito del hotel y compró café y dulces para dos y los subió a la habitación.
No se había percatado de que lo estaba haciendo automáticamente hasta que depositó las viandas en la mesita y fue a despertar al bulto en la otra cama..... "¡Carajo, casi le doy un beso en la mejilla!"
En ese momento se dio cuenta de que ella no estaba y que estaban en el mismo hotel donde pasaron cinco días hacía pocos años. Por suerte no estaban en la misma habitación....
Él tendía a comentar todo lo que le sucedía, pero prefirió no decir nada. No sabía si sentía vergüenza o si se sentía ridículo.
Y cuando el muchacho se despertó desayunaron y luego de toda la ceremonia de vestimenta del susodicho quedaron ni que gringos o europeos en turismo de tercera.
Bueno, su ropa era toda de marca..... la del viejo era de lo que le había sobrado a alguno de sus hijos. Y las chancletas rock and roll los llevaron a la playa más cercana del pueblo.
La playa estaba frente al cementerio de Isla Colón, y había un contínuo paseo de turistas europeos que satisfacieron la vista de ambos.

Tenían en común, a pesar de la diferencia de edad, que eran curiosos y les encantaba lo que descubrían.
De manera que, fue un tiempo bien aprovechado y, de paso, divertido.
Después, a buscar una tienda donde comprar una toalla grande porque, como siempre, el viejo no llevó una.... Finalmente encontraron una especie de mercadito donde le vendieron la toalla más raquítica, casi transparente, grande y con precio de pieza de seda tailandesa.
-"Quién nos mandó estar en el paradisíaco caribe panameño de moda mundial....."
Y como a los dos les gustaba caminar se fueron hasta el extremo opuesto de Isla Colón donde se encontraron con una casa azul que por fuera parecía a medio caerse pero por dentro estaba bien sostenida y que resultó ser un almacén de productos "gourmet".
Los emparedados estuvieron a la altura del muchacho que, en efecto, medía seis pies.
-" Y esta noche lo voy a llevar a cenar a un lugar realmente gourmet."
El muchacho tenía ascendencia bocatoreña, y conocía el contenido de la isla bastante bien.
Y se quedaron sentados por lo menos por dos horas bajo una mesa techada fuera de la tienda, observando la gente pasar y los barquitos cruzando de Isla Colón a Isla Carenero y Bastimentos. Esa escena valía la pena lo que se pagó por el famoso almuerzo yeyé.
Y así pasó la tarde del segundo día cuando en algún momento el viejo recordó que había decidido ir a la iglesia. Pero la iglesia no estaba abierta en días de semana. De manera que rezó un Shema Israel en silencio en algún momento y se olvidó del asunto.
¿Shema Israel? Bueno, él tenía sus enredos de orígenes y era lo único que, en ocasiones, generaba alguna discrepancia.
"Y ella ya no está...."

El restaurante estaba frente al hotel. Estaba lloviendo bastante y había que cruzar con paraguas encima. Pero el muchacho iba bien preparado, y echó un brazo sobre los hombros del viejo y lo cruzó al caserón trasladado desde El Marañón hasta Isla Colón.
Adentro, un destartalamiento ordenado con luces tenues y velas en las mesitas, acompañado de un menú transportado del Lucas Cardón de París. ¡ En Bocas del Toro!
El viejo pidió una copa de vino que le quemó el estómago..... no debía tomar nada alcohólico en estómago vacío. Y así empezó el retorno del escape.
De regreso al hotel decidieron ver una película y resultó que apareció una escena sobre el fallecimiento de una mujer.
El viejo empezó a sentir un vacío en su interior. Como si le hubieran removido todas las entrañas, menos el corazón -- que se desbocó latiendo -- y le apareció una sensación de terror que le provocaba salir corriendo hasta que alguien lo apañara entre sus brazos.
No quería asustar al muchacho. Y prefirió salir del cuarto a caminar por el pasillo. Pero el pasillo se había acortado y las paredes se le estaban pegando a sus brazos. De manera que, regresó a la habitación.
-"Tengo un ataque de pánico." Y no tengo nada que me ayude.
-"¿No trajo nada de lo que su hijo le ha mandado?"
-" No. Me sentía tan bien que jamás pensé que me podía descuajaringar por acá."
Y siguió: "Bueno, lo primero es recordar que de esto no se muere nadie. Tengo que relajarme y mañana buscamos algo."
Pero la sensación pasó a ser más extraña y le pidió al muchacho que lo abrazara como quien agarra a un niño por detrás para que no se escape. -"Y aprieta bien duro hasta que se me pase-"
Y pasó, y regresó a su cama y logró dormir toda la noche.
En la mañana llamó a su hijo.
-"Vete al hospital y dile al doctor que tienes un ataque de pánico. El te dará Clonazepam, que te eliminará el asunto enseguida."
Pero resultó que en el hospital no tenían nada que sirviera, excepto algo como un antihistamínico que el viejo no podía tomar por sus problemas de próstata.
-"¿Y si me hace una receta y la compro en la farmacia?"
-"El problema es que aquí en Bocas no venden esos medicamentos . Los traen de Changuinola con mucho control.
-"¿ Y qué hace la gente?"
-"Pues se fuman un pito de marihuana y listo..." contestó el doctorcito entre serio y sonreído.
El viejo llamó al hijo y éste le dijo que se comprara un frasco de Pasiflorina y que se la tomara en "shots" cuando sentía que la necesitaba.
-"Me imagino que un ataque de ansiedad en este paraíso es una contradicción" - le comentó el viejo a su compañero.

De manera que entre sorbos de Pasiflorina pasaron el día, el cual no estuvo nada mal.
-"Oye, y gracias por el abrazo de oso de anoche.
-" No fue nada."
-"¿Cómo que no fue nada! Otro no se habría atrevido a dármelo siquiera.
-"Bueno, no todos somos iguales."
-"Es verdad..... pero gracias, en serio. No sé qué hubiera pasado si no hubieras estado."
-"A lo mejor no hubiera pasado nada si yo no hubiera estado."
Y allí quedó el viejo, quieto en primera, porque cayó en cuenta que la escapada no funcionó.
Ella estaba allí.
Y el dolor inconsciente también estaba, aunque se tratara de ocultar de cualquier forma.
Y ya no era normal, porque habían pasado dos años.
El aeropuerto de Isla Colón tiene la ventaja de estar a un par de cuadras de la calle principal del pueblo, pero aún así decidieron ir temprano. -
"Tienen la costumbre de sobre-vender los vuelos y qué lío si ocurre."
Al entrar al avión apenas echaron a andar los motores volvió a aparecer, pero en menor intensidad, la sintomatología del pánico.
-"Y en un avión-" pensó. "Y con todos los viajes que tengo planificados."
Pero le pidió al muchacho que le enseñara más sobre su cámara, lo cual hizo y terminaron tomando unas fotos increíbles sobre el Puente Centenario en el Canal de Panamá.
Y, ya en Panamá, el plomo del malestar cada vez que tenía que hacer un alto ante una luz roja....

Pero llegaron a la casa del muchacho, no le comunicó lo que le ocurría y lo despidió con su acostumbrado abrazo de oso pero añadió -"Gracias por la compañía-" A lo que el otro contestó: -"Y que se repita."
-"Sí, pero no a Bocas."
Y ya en casa buscó todos los medicamentos que el hijo le había recetado cuando ella murió y volvió a sentirse normal, aunque algo aprehensivo.

-"Simplemente mete en la cartera un cuarto de la pastilla y te la tomas si sientes que la necesitas."
Y así hizo, renovándola cada vez que se desbarataba por no consumirla. Hasta que decidió que no la necesitaba.
El viejo lograba pasar los días bastante bien, pensaba él. Pero las noches no eran agradables.
Realmente, él pensaba que todo estaba normal, pero un día el hijo le preguntó cuántas veces se despertaba.
-"Como tres o cuatro veces.... para ir a orinar."
-"Eso no es normal, papá. Y no es por la próstata porque eso está controlado.-"
-"¿Entonces?"
-" Yo creo que tú estás deprimido y no lo quieres reconocer."
-"Pero yo como bien... lo que cocino...."
Y ahí quedó una de los tantos intentos del hijo para que el viejo enfrentara que no estaba efectuando un proceso de luto normal.
-"Prácticamente le has dado la vuelta al mundo en menos de dos años..... hasta en China dos veces-"
Y hasta había recorrido parte de la Muralla China en Beijing con todo y bastón, porque pocos meses antes le había operado los "juanetes", ambos a la vez.
-"Bueno, para salir de eso de una sola vez-"
-"Sí, pero te dijo el ortopeda que ni él mismo haría eso."
Pero el viejo era terco, siempre decía ella. Y si tomaba una decisión era muy difícil que la cambiase.
En el fondo, el viejo no soportaba enfrentar día a día todas las cosas que le recordaban su convivencia con ella. Y lo único que se le ocurría cuando se aproximaba algún aniversario era tomar un avión y salir.

Lo malo era que no disfrutaba la comodidad de los hoteles. Las camas eran demasiado grandes y demasiado silenciosas. Y quería que su cuerpo se ensanchara para ocuparla toda y así no sentirla parcialmente desocupada.
Curiosamente, lo que más disfrutaba era el viaje en sí. Esperar en el aeropuerto, entrar al avión y especular qué pasaría.
Recordaba que de joven, cuando sus niños eran pequeños le daba mucho miedo viajar en avión. Luego de su partida, el avión podía moverse como quisiese y a él no le daba ni hipo.
Dirían los psicólogos que en el fondo andaba buscando cómo morir.
Él tal vez diría que quería estar con ella.
Hasta que un día su cuñado le dijo muy seriamente: -"Oye, haz un cambio completo de
guardarropa porque se te fue el trasero."
El comentario era chistoso, pero la recordó diciendo "todos ustedes tienen un culito de lo más gracioso."
Y se fue a pesar.
-"Perdí veinticinco libras." Y se espantó de verdad.
De joven siempre fue flaco y en muchas ocasiones lo habían ridiculizado por ello. De manera que el efecto del descubrimiento fue un golpe bajo a su auto-estima corporal.
Se puso a buscar en internet y encontró un reporte de la Universidad de Harvard sobre la supervivencia de los viudos.

Encontró que generalmente vivían solamente dos años más que sus esposas y la razón de la muerte era la desnutrición. Claro, depresión acompañada de inapetencia y, si no había quien los instara a comer, hacían lo que hacía él: un plato de comida le podía durar dos o tres días
Luego, cualquier enfermedad se los llevaba por las defensas tan bajas que tenían.
Curiosamente, los amigos que lo acompañaban siempre no habían notado el cambio porque lo veían a diario. Y las personas que se lo encontraban de vez en cuando no se atrevían a decir nada.
Pero una mañana decidió estudiarse en el espejo y volvió a contar costillas como cuando era chiquillo.
-"El pelao tiene razón..... estoy mal..."
Esa misma tarde llamó al muchacho y le pidió ayuda para ir de compras y conseguir ropa que le quedara.
De hecho, ahora parecía que su madre le hubiese comprado ropa "crecedera" como cuando era chico. Y no tenía la supervisión de ella años después cuando ella misma le diseñaba y confeccionaba las camisas.
Realmente, el viejo no sabía ni comprar ropa. Cuando lo hacía le parecía escuchar a su madre increpándolo por "flaco."
Pero el muchacho no era su madre y más bien se comportaba como ella cuando iban a comprar algo ya hecho.
Como el viejo ya no hacía vida social formal decidieron que lo mejor era comprar jeans y camisas tipo polo, con un par de pantalones de salir y sus respectivas camisas.

Hay que reconocer que se quitó un par de años con el nuevo atuendo. Todo le quedaba un poco más estrecho que a lo que estaba acostumbrado.
-"Pero lo que sucede es que esta es moda europea que corre más chica y es más pegada al cuerpo."
A él le tomó un par de meses acostumbrarse al nuevo "look". Pero hubo buenos comentarios de los hijos y nietos.....
Lo que sí le quedó claro fue que no podía continuar en al borde del despeñadero.
Un amigo le recomendó inscribirse en un gimnasio. De manera que se entró en uno a ver cómo era el asunto.
No le agradó el ambiente. Él estaba acostumbrado a ir a uno que era básicamente para varones interesados en hacer ejercicios.
En éste había un olor a levante que lo incomodó más de lo que podía soportar, especialmente cuando vio que un viejo como él salía de un sauna o baño turco obviamente post-sex siguiendo a un joven.
De manera que, decidió comprarse unas pesitas y regresar a su bicicleta fija. Horario fijado, inició el proceso de recuperación de tono muscular y rogar que algunas libritas se añadieran.
Y así pasó alrededor de un año, en el cual no aumentó ni una onza pero sí se re-definieron los bíceps, tríceps y aparecieron un par de latitas en su estómago. Nada mal ¿verdad?
-"Oye, qué bien te ves ahora-" le decían los que lo volvían a ver. Y él se reía de la posible intención escondida de la comentarista soltera o viuda, especialmente cuando era seguido de un "¿Y cuándo nos juntamos para un café?"
Y hasta las vendedoras le coqueteaban con "qué hijo más guapo tiene...." a lo que él contestaba:
-"Se parece al papá ¿no?" Y el muchacho tenía los ojos achinados y él no.

Katmandú

La manera más fácil de ir desde Panamá hasta Nepal es volar a Los Ángeles, California y seguir desde ahí.
Por lo tanto, el viejo tomó el vuelo nocturno de COPA y se preparó para el primer trayecto de siete horas. Y, al llegar, se metió en un Hotel 8 porque el shuttle del hotel hizo un alto donde él esperaba a la salida del Tom Bradley y al mediodía regresó al aeropuerto para seguir su viaje.
Había preferido no llamar a sus amigos y familiares en Los Ángeles. Sería como interferir con lo que a él le parecía un peregrinaje.
Katmandú, la ciudad que a los dos se les quedó por fuera porque a ella se la llevaron antes de la cuenta. O sea, que estaba pendiente.
Realmente, querían ir al Tíbet, pero con los enredos políticos que había allá nunca les pareció prudente. Y, cuando estuvo en Hong Kong, unos meses antes, se formó una grande en Llasa, por lo que ese misterioso país quedó descartado para siempre.
-"Aunque quién sabe, porque tú arrancas para donde sea cuando se te ocurra-" le comentó uno de sus hijos.
Por otro lado, había reservado una habitación por cinco noches un hotel que decían estaba en las faldas de los Himalayas -- cosa que él dudaba. Claro, no iba a escalar ningún monte, pero la idea de estar en el área le parecía orgásmica.
Había encontrado en el internet que la ruta más barata era Los Ángeles - Bangkok - Katmandú. Y compró el boleto unos seis meses antes para asegurarse de que le saldría más barato. Tenía experiencia en esos enredos.
Entró en el A 330-200 de Thai Airlines, asiento de pasillo para poder ir al baño con libertad -- cosas de la próstata -- y se dispuso a aguantarse las veinte horas del trayecto de LAX a BKK.
Luego, una espera de tres horas y un cambio de avión para otras casi cuatro horas hasta KTM.
Lo primero que lo golpeó al llegar a la ciudad fue el olor a incienso de algún tipo. De hecho, el viejo siempre identificaba una ciudad con un olor que percibía apenas llegaba. Así, Lima le olía a harina de pescado; Madrid a aceite de oliva combinado con pescado; Bangkok a Lavanda; Beijing a humo con gasolina y Panamá a basura...
Y ella, definitivamente olía a Bangkok.

Para su asombro, logró dormir bastante bien durante el largo trayecto. Cosa nueva, porque antes no se desconectaba para dormir... En realidad, le satisfacía estar cumpliendo la última meta de ambos.
Ya conocía el aeropuerto de Bangkok, aunque éste había sido renovado y había bastante que ver, especialmente el desfile casi que carnestoléndico representativo de las diferentes culturas asiáticas.
Y ya en el vuelo al aeropuerto Tribhuvan International en Katmandú comprobó lo que le habían comentado sobre lo pequeño y medio caótico que era.
En el internet había información contradictoria sobre las visas, pero se guió por la publicación del Departamento de Inmigración Nepalés, que decía que se otorgaban visas de visitante en todos los puntos de entrada al país. Y, en efecto, por veinticinco dólares gringos le dieron una visa por quince días.
Se encontró con que la mayoría de los funcionarios hablaban hindú y nepalés, pero había suficientes que se manejaban en inglés.
De hecho, recordó que Katmandú se convirtió en la capital del turismo hippie entre los sesenta y setenta. Y el desfile de personas que pretendían subir al Everest no había disminuido.
En todo caso, Katmandú se encuentra en un valle, que protege del clima exageradamente frío que se siente cuando uno se aleja de la ciudad y va subiendo colinas aunque sea en auto, especialmente en los últimos meses del año.

Y, por suerte, el Kantipur Temple House resultó estar en el centro de la ciudad, como anunciaba el Hotels. com, pero en una ubicación que sí permitía ver las montañas blancas de nieve a lo lejos si subía a la terraza en el último piso y no había bruma, nubes o polvo que las tapara.
Claro, luego de más de treinta horas de viaje el viejo no sabía si iba o venía, pero se sintió satisfecho cuando entró a la habitación.
Él siempre fue un "budget traveller" -- mochilero de joven -- pero más sofisticado cuando ella apareció en su vida. Y, en esta ocasión, el hotel sí era de varias estrellas, pero de corte ecológico.
Ya no quería volver a los hoteles de "traiga su propia estrella.
Se acostó en una cama inmensa, pero no se dio cuenta si su cuerpo se agrandó para cubrirla por completo. Ni sintió la necesidad de "celebrar la llegada".
El cansancio venció.

Marzo puede ser frío en Nepal, aunque se nota más en las montañas, y no tanto en el valle de Katmandú, lo que no incomodaba salir a los jardines del hotel y observar la armonía de verdes alrededor y los picos montañosos blancos en la lejanía.
Como siempre, tenía preparada una lista de todos los sitios turísticos "de rigor." Aunque recordaba que para ella lo de rigor eran las tiendas de tejidos exóticos, que compraba para traer a Panamá y transformarlos en camisas para
los hijos y el viejo.
Lo primero fue ir a la ciudad vieja, la capital de los antiguos hippies, el área llamada Thamel, lleno de gente, "stuppas" o altares budistas y templos dedicados a las diversas divinidades veneradas en la región.
Recordaba que su amigo Tom le había dicho que había templos Budistas y Bahá'í, una combinación que el viejo no entendió muy bien, pero que ameritaban un vistazo.
Luego iría hacia el sur al municipio de Patan, capital de un reinado independiente antiguo.
Le llamó la atención la profusión de variedades étnicas, los animales dueños de la calle, especialmente las vacas, y la cantidad de chiquillos que se le acercaban para pedirle algo de dinero. Cosa que le causó gracia porque recordó que cuando, siendo niño, regresó a Panamá la chiquillada que jugaba en Las Bóvedas le caía en bandada a los turistas haciendo lo mismo, él incluido.

Había leído que había un templo budista muy importante y lo tenía como primer número en su lista: el Templo Swayambhunath, conocido popularmente como el Templo de los Monos, que se comportaron de la manera más irreverente posible en el recinto.
"Bueno" - pensó el viejo - "al fin y al cabo es su templo." Lo único malo es que los monitos se la pasaban entre quitarle comida a los visitantes, rebuscarse alimentos en cuanto lugar se podía y a copular felizmente. Digo que "lo único malo" porque esto último dejó al viejo con una sensación de añoranza que no le resultaba muy cómoda.
No había contado con que la entrada conocida como la de las "escaleras infinitas", también conocida como la de los peregrinos, sí parecía no terminar nunca. Y después resultó que eran 300 escalones, que no le agradecieron sus pies a medio camino. Aunque, una vez arriba, la vista de todo el Valle de Katmandú le hizo olvidar el dolor en los tobillos. Además, el viento jugaba con los saris de las visitantes hindúes de tal forma que parecía una colección de cometas multicolores todas juntas en el suelo y moviéndose para alzar vuelo.
-"De lo que se está perdiendo"-
Aunque también recordó que en Tailandia llegó un momento en que se aburrió de ver tanto templo y tantas estatuas de Buda propagandeadas como "la más grande del mundo."Pero el templo era, realmente, más que eso, le pareció al viejo.

Para empezar, se impresionó con la hilera de "prayer wheels" o dispositivos cilíndricos cubiertos de pan de oro y que al darles vuelta equivalían a un rezo.
Él entró en la fila de gente que decidían enviar un mensaje al infinito.
Y, a lo mejor le llegaba a ella, también.
Se demoró más de lo que tenía pensado en el templo. De hecho, había llegado alrededor del mediodía y eran como las cinco de la tarde cuando el frío le recordó que había que regresar al hotel.
No regresó por la escalera de los peregrinos sino por otra ruta menos complicada. Pero en la medida que iba llegando a la salida fue sintiendo como que ya no había más nada que hacer en Katmandú.
Llegó al hotel y decidió cenar lo más frugalmente posible porque no se sentía muy bien.
-"Qué raro. No he comido nada peligroso ni he tomado agua de la pluma"- pensó, repasando sus paradas para comer. -"Debe ser el cansancio." De manera que, comió algo sencillo y se fue a su cuarto.
Encendió el mini-televisor portátil que había llevado y buscó CNN Internacional. Siempre que viajaba ponía ese canal porque lo mantenía conectado con el resto del mundo. Y no hubo ninguna dificultad en encontrarlo. También puso el "timer" del televisor, porque tenía por costumbre dormirse en algún momento de la transmisión. Y así ocurrió.

Despertó algo preocupado porque no sabía qué día era. Recordaba que viajando hacia el Oriente hay que añadir dos días -- se pierden dos días. Pero tiempo atrás había tenido que comprar un reloj de pared que solamente marcaba los días de la semana. Así se enteraba de qué día era. La fecha como tal no era tan importante. Pero el reloj no estaba con él. Y la radio de la habitación solamente marcaba la hora. Tocando un botón aparecía la fecha, pero no el día. Además, tampoco se había llevado el celular para investigar el asunto.
En fin, llamó a la recepción y con algo de risa le informaron que era miércoles
-"Ahora sí que estoy enredado, porque ya vi lo que tenía que ver..... Tengo que matar el tiempo hasta el viernes."
Realmente, no eran muchos días. Pero el viejo era de esos que dicen cosas tan extrañas como "si vas a Paris ves la Torre Eiffel, en Panamá el Canal, en Madrid las Cibeles, en Amsterdam la exhibición de prostitutas, y en Katmandú el Templo de los Monos." Lo demás era acompañarla en sus compras y sentarse en una cafetería a verse la cara, reírse y decir "Mira dónde estamos ahora..."
Se sentó en el restaurante del hotel a desayunar. Aunque era un desayuno de esos llamados buffet y que los turistas utilizan para ahorrar al comer como gorilas en ese momento, saltarse el almuerzo y cenar mejor, él no era de mucho comer en la mañana.
Buscó una mesita para dos que tenia vista hacia las montañas. E inmediatamente llegó un
muchacho a preguntarle si "coffee or chai" -- café o té. A lo que el viejo dijo coffee y lo miraron con extrañeza. Siempre lo confundían con gringo y los gringos tienden a pedir según el lugar, aunque sea por la novedad. Pero el viejo era cafetero.
El muchacho regresó con el café, lo colocó en su lugar y le ofreció crema y azúcar. E inmediatamente le preguntó que de qué país venía.
El viejo no contestó enseguida porque no estaba acostumbrado a que le hicieran preguntas sobre su persona. Pero se repuso y dijo: "Panamá".

En su inglés chapurreado el muchacho le dijo que había conocido un panameño que había intentado subir al Everest pero no pudo, y que de vez en cuando llegaba algún panameño, pero no era común.

-"¿Y ha estado en Nepal anteriormente?"-
-"No, es la primera vez."
-"¿Y qué le ha parecido?"
-" Por ahora bien, pero solamente fuí ayer al Swayammmmm" - "al Templo de los Monos."
-"¿Y qué planes tiene para estos días?"
-"Pues no sé, porque regreso el viernes en la noche y ya ví lo que quería ver."
-"Pero en los alrededores de Katmandú hay tanto que ver."
-" Me imagino que sí, pero tengo que consultar mi folleto-guía."
-"Mire, yo le puedo servir de guía. Estoy libre mañana y pasado."
El viejo se quedó callado un rato. Y en un momento se le vino a la mente Bocas del Toro y el muchacho.
-"Qué curioso... los dos achinaditos."
Y decidió que iba a contratar al muchacho para conocer lo que quedaba de Katmandú y sus alrededores.
-"Bueno, empezamos mañana después del desayuno" - le dijo el muchacho.
El resto del día la pasó caminando en el área antigua de la ciudad, conocida como Thamel, que no era más que una especie de Salsipuedes inmensa llena de extranjeros con todas las pintas posibles y una competencia increíble entre los vendedores de toda clase de bisutería, especias, hashish y acentuadores de "hombría."
Y para almorzar se metió en una pizzería a comer algo que en Panamá no le apetecía: pizza. Al fin y al cabo el viejo pensaba que al viajar se hacían cosas inexplicables.
Después de unas horas decidió regresar al hotel y quedarse viendo televisión hasta que le llegara el sueño.
Y se acostó pero sintiéndose extraño porque, por algún motivo, la cama la sentía medio vacía.
Estaba seguro de que esta noche su cuerpo no se extendería para ocuparla totalmente.
El recuerdo de los monos haciendo lo suyo, Bocas del Toro y el muchacho.... de repente no se sentía tan viejo.... pero sí muy solo.

Los Ángeles


La idea de ir a Los Ángeles nació en el transcurso de la compradera de ropa para disimular la pérdida de peso. Y en algún momento el muchacho mencionó que le gustaría ir a California a comprar ropa "fashion.
-"Bueno, yo tengo un amigo allá y sé que si le digo nos puede alojar por el tiempo que sea.
-"¿De verdad?" - respondió el muchacho.
-"Podemos irnos por unos diez días y podemos ir al outlet en Camarillo, que queda cerca de la casa de un tío mío. Te dejamos en el lugar y te pasamos a buscar después." "También hay millones de tiendas en Los Ángeles, y la comida no es problema porque hay restaurantes bien baratos. Y el transporte está bien fácil con su Metro Rail que te lleva a cualquier parte."
Y unos días después de los carnavales panameños se vieron metidos en un vuelo de COPA hacia LAX. Allá los recibió el amigo del viejo y se fueron al pequeño apartamento de una recámara.
-"Yo duermo acá afuera en el sofá cama y ustedes en la cama doble mía-" fue la instrucción del anfitrión.
Ninguno de los dos dijo nada.... de hecho, no había nada que decir y se acomodaron el uno al lado del otro
-"Bueno, muchacho, espero que no ruedes..." fue lo que dijo el viejo para disminuir su incomodidad.
- "Cuidado que el que rueda es usted"- contestó él riéndose a carcajadas.
Pero el viejo durmió tranquilo y se percató que su cuerpo se quedó del mismo tamaño. No había necesidad de llenar la cama.
Y al regresar a Panamá, once días después, al depositarlo en su casa, el viejo le dijo al muchacho: -"Gracias por la compañía-" a la vez que el muchacho bajaba unas maletas que parecían baúles, que habían hecho el milagro de llegar exactamente al límite de peso transportando toda la ropa que se le antojó al joven comprador.

 


Katmandú


Mientras estaba desayunando el muchacho apareció sin su uniforme de mesero. Parecía cualquier joven universitario panameño pero con un chaleco para protegerse del frío.
-"Prepárese para caminar bastante, porque vamos a ir a Patan. Ahí verá lo que fue un reino pequeño pero que tuvo mucho poder. Además, está lleno de templos y muchas tiendas de artesanías."
-"¿Seguro que crees que pueda caminar tanto?"- le contestó el viejo, más que nada para socializar.
-"Lo acompaño a su habitación para que traiga lo que necesita..... ví que usa un bastón.... tengo que asegurarme de que no lo olvide."
Lo de acompañarlo a la habitación le pareció extraño al viejo, pero prefirió no meterle mucha cabeza. "Lo principal está en la caja fuerte"- pensó.
Y tomaron un taxi que los llevó al sur de Katmandú, donde el muchacho no paró de hablar narrando y describiendo cuanto detalle se le ocurría que le podía interesar al viejo
En cambio, el viejo miraba alrededor y pedía entrar a alguna joyería para ver qué había que valiera la pena llevar para añadirlo al ajuar para los hijos luego de su partida.
-"¿Es usted rico?"- le preguntó el muchacho entre joyería y joyería.
-"Realmente no. Simplemente administro mi jubilación muy bien."
-"Lo que usted ha comprado no lo podría yo comprar nunca en mi vida."
-"Muchacho, eso no es cierto. Es cuestión de educarte y vas subiendo.
-"Bueno, estoy en la universidad, pero no hay muchas oportunidades aquí y me gustaría ir a América.-
"Bueno, depende de a cuál América te refieres. Si es la gringa, ya el American Dream se convirtió en pesadilla. Y si te refieres a la mía, es todavía peor."

-"Vea la cosa-" pensó el viejo - "éste ahora está buscando padrino."

-"Oiga-" dijo el muchacho -"le dije que quería que comiera una comida típica nepalesa, y eso no lo va a encontrar en ningún restaurante. Yo vivo en esta área y vamos a almorzar en mi casa."
-"Oye, el contrato turístico no incluye que cargues conmigo.
-"No tiene gracia ir a un país y no conocer cómo vive su gente.... los hoteles no son lo mismo.
-"Bueno, en eso estamos de acuerdo. Acepto, pero si me dejas pagar como en un restaurante."
-"Eso depende de lo que diga mi madre, y lo dudo."
La casa de dos pisos le recordó el edificio en el cual vivieron cuando regresaron de los Estados Unidos, por allá por los '50. Abajo había un almacén pequeño o tienda y arriba vivía la familia.
Pidió prestado el baño y entró a un cuartito con un hueco en el suelo y un baldecito con agua, lo que los gringos llaman "squat toilet" y yo traduje años atrás por "añingotadero" cuando ella fue a un baño en un McDonald's en Hong Kong y se encontró con el asunto. Ella nunca aprendió a usarlos. Él ya los había usado antes en Europa y el malabarismo no fue más incómodo que lo esperado para un occidental.
Lo que sí fue una experiencia nueva fue cuando la madre, creo que el padre y el muchacho lo invitaron a sentarse en el suelo alrededor de los platos con comida colocados sobre una alfombra.
Sin mayor aspaviento cada uno fue metiendo la mano derecha y colocando cosas encima de su propio plato.
La manera de sentarse fue interesante, porque le recordó a los campesinos panameños cuando están "añingotados", o sea sentados sobre sus talones. Pero el viejo tuvo que sentarse con las piernas cruzadas porque sus pies no lo sostenían en lo que parecía la posición tradicional nepalesa. Le explicó la razón al muchacho y él se la tradujo a los señores y asunto arreglado.

En una de esas el viejo iba a recoger algo con la mano izquierda pero el muchacho lo interceptó a tiempo.
-"Solamente la mano derecha. Después le digo por qué."
Y el viejo recordó haber leído que cuando se come con las manos en Marruecos se utiliza la mano derecha. La izquierda es para limpiarse el trasero. De manera que, probablemente aquí era igual. Y parece que el muchacho se percató del descubrimiento del viejo porque no volvió a mencionar el asunto y éste siguió comiendo con la mano derecha.
El almuerzo terminó con un vaso de té con bastante leche y azúcar, cosa que le preocupó algo al viejo porque no toleraba la lactosa muy bien. -"Bueno, traje mis tabletas de Pepto por si las moscas."
Se ofreció a pagar el almuerzo, pero la señora puso cara de ofendida pero sonreída.
-"Nameste"- dijo el viejo al despedirse, y le contestaron igual, a la vez que juntaron las manos e inclinaron el cuerpo en son de venia, lo cual el viejo imitó ceremoniosamente.
Y de ahí el guía y su cliente volvieron a la calle y se enredaron entre la multitud que entraba y salía de templos budistas con representaciones de Buda y Krishna, quienes resultaron las mismas personas pero percibidas desde diferentes ángulos religiosos.

Hong Kong

Pero una mañana al viejo se le metió que la última vez que fue a Hong Kong se les quedó por fuera ir a la isla de Lantau, que está como a una hora de distancia por ferry. Además, había escuchado que había un monasterio budista inmenso y con "la estatua de Buda más alta del mundo."
Y con esa excusa le propuso un viaje a un amigo contemporáneo en edad, experiencia y con espíritu de muchacho, el cual también andaba con ganas de viajar y tenía la libertad económica y social para hacerlo.
De manera que se fueron para Newark con la intención de volar sin escalas hasta Hong Kong. Y nunca había pasado ninguno de los dos mayor tiempo en un avión de un solo tirón.
El piloto empezó por explicar que debido al mal tiempo iban a volar hacia la parte más alta de Groenlandia y de ahí virar hacia la izquierda pasando por Siberia para luego bajar por Mongolia, Beijing y finalmente aterrizar en el aeropuerto de Hong Kong. El trayecto se alargaría una hora más de lo normal: 15 horas en total.
Esta vez el viejo escogió mal y decidieron volar por una línea norteamericana. Y se encontraron con una serie de auxiliares de vuelo que estaban en edad de jubilación -- las mujeres atentas, firmes y experimentadas y los varones groseros "flaming queens."
En un reporte a Skytrax a su regreso, el viejo entendió que las aerolíneas gringas prefieren auxiliares de vuelo mayores por la experiencia.

Bueno, había volado en aerolíneas orientales y la gran diferencia era la atención personalizada y con buen gusto. No sabía si el personal oriental esgrimía "sonrisas Colgate" -- todo para afuera pero nada hacia adentro.
Se registraron en el International House, o sea el YMCA en el área de Kowloon, el cual el viejo conocía de su viaje anterior con ella. El precio era el mismo porque al dividirlo entre los dos salió a lo que él y ella pagaron por ambos hacía unos veinte años. Y, por suerte, no le dieron la misma habitación. Pero sí en el mismo edificio. La adición reciente era bastante más cara y los dos viejos eran bastante codos.
Como llegaron de noche fueron directamente a dormir -- cada uno en su cama. Y el viejo no tuvo que agrandar su cuerpo porque la cama no era para dos.
El famoso bastón siempre acompañaba al viejo y, si bien es cierto que provocaba mejor atención, también lo metía en líos generacionales. Por ejemplo, en un aeropuerto regañaron al otro por "no estar ayudando a su papá" a moverse en la línea. Pero se las desquitó cuando al comprar un boleto de transporte interno dijo 65 años mientras que el viejo dijo 64 y al otro le tocó un boleto con 90% de descuento. Tarde descubrió que el mero hecho de tener un bastón a la vista le daba el mismo derecho. En fin, fue parte de un chiste del día.
Por algún motivo ambos viejos compartían un sentimiento de vacío. Uno por viudez pero el otro por misterio. Uno que mostraba cariño fácilmente y el otro que escondía todo lo que podía. Pero lo que no se podía esconder era la máscara de sufrimiento bajo la cara de alegría.
Para el otro estar en Hong Kong era estar en el paraíso. Las tiendas de lujo de todas las marcas famosas del mundo estaban presentes y ostentando todo lo que tenían.

Como el viejo se conocía la ciudad como su pito, decía él, decidió que la primera visita debía ser al Peak o, como se dice en panameño, a la "punta del cerro," en este caso el Victoria Peak desde donde se podía ver toda la isla Victoria con sus ciudades pequeñas pero superpobladas de chinos y Hong Kong -- la bahía perfumada -- propiamente dicha, conocida como Kowloon, donde vivía la mayoría de los chinos.
Y para salir de Kowloon, donde estaba el hotel de los viejos había la alternativa de ir en autobús o cruzar la bahía de Hong Kong en los ferrys verdes que por casi ningún dinero hacen el viaje de tres minutos de un lado al otro. Naturalmente era la mejor manera de hacer el recorrido.
Ya en el lado de Victoria el asunto era ir hasta la pequeña estación para tomar un trencito asustador y subir a la punta del cerro y luego bajar en un autobús que lentamente va serpentineando hasta llegar a la base.
En el cerro el viejo recordó que allí le mandó a fabricar a ella un "chop" -- un sello de piedra con su nombre en chino y el nombre de Panamá. Se lo regaló para que pudiera pegarlo a los cuellos de las camisas que confeccionaba y los vestidos que ella se hacía. Y recordó que le dijo que había sido el mejor regalo.
El muchacho -- ya se refería así a sus acompañantes de cualquier edad -- decidió buscar alguna pieza para su esposa y el viejo quería una sortija para él. -"Pero que no sea cara sino de acero y a la moda de ahora."
-"Sí señor. Me queda una Breil que es la única en venta en el mundo, porque cambiaron de diseño. Y si es su número se la doy por casi nada."
La vendedora, una chiquilla muy bonita y segura de que iba a hacer la venta, le mostró un anillo algo ancho con una especie de cruz que le sobresalía en forma extraña y adentro se leía la marca Breil, que es una marca italiana de bisutería fina de acero. Y, definitivamente que le quedó como hecho para su dedo.

Pero, había algo que le mortificaba al viejo: esta tienda no era de super lujo como la que le vendió unos aretes de granate al muchacho. De manera que dudó que existiera una boutique Breil en Hong Kong. Pero por casualidades de la vida no pudieron tomar el avión de vuelta el día señalado y se tuvieron que quedar un día más. Y en el recorrido extra se toparon con la Boutique Breil y el Edificio del Mint - acuñación de dinero- de Hong Kong que tenia al muchacho refunfuñando porque no lo había encontrado para visitarlo.
Pero lo que quería hacer el viejo era ir a la Isla de Lantau para ver el Buda "más alto del mundo.
De manera que buscaron el horario de los ferries y allí fue donde el viejo descubrió que no tenía que pagar porque andaba enbastonado.
El recorrido tomó aproximadamente cuarenta y cinco minutos y pudieron ver cómo los chinos habían construido una carretera que iba desde el aeropuerto hasta un Disneyland en un extremo cercano de Lantau Island. Aunque el recorrido en el barco era más interesante.
En el puerto de Lantau había toda clase de vendedores y transporte para ir al Monasterio. Y se decidieron por un taxi que no les cobró más de la cuenta, pero sí los mareó con su recorrido en forma de serpiente lenta.
Mas ¿era, en realidad, el Buda más alto del mundo? Bueno, hubo que subir un par de cientos de escalones para llegar al Templo... y hacerlo con un bastón lo hacía interminable. Mas, la meta del viaje se alcanzó.
-"¿Por qué siempre tengo que viajar acompañado?" - se preguntó el viejo al regresar del paseo a la isla de Lantau. "Tengo que atreverme a estar solo.... este luto no va bien." Y se propuso realizar una última prueba al regresar a Panamá.

 


Belo Horizonte

COPA recién había inaugurado su ruta Panamá - Belo Horizonte, Brasil. Y al viejo se le ocurrió que sería una buena oportunidad para hacer un viaje de pocos días. La única diferencia iba a ser no viajar acompañado.
-"Ya está bueno de esta vaina.... si me va a dar algo me dará y se acabó." En realidad, con frecuencia revivía la mala experiencia del ataque de pánico en Bocas del Toro, y decidió que tenía que enfrentar el estar solo.
El vuelo nocturno tomó siete horas, durante las cuales hasta logró dormir, cosa poco usual para él en estas circunstancias. Y ya en el aeropuerto de Belo Horizonte se encontró con que habían reprogramado el horario del autobús a la ciudad para que pudiera transportar pasajeros del vuelo panameño. De hecho, COPA era la única aerolínea que realizaba vuelos desde dicho lugar hacia fuera de Brasil sin tener que pasar por Sao Paulo o Río de Janeiro.
Ya un compañero de vuelo le había comentado que los nativos de la ciudad al sur de Brasil tenían una personalidad social bastante campesina.
-"Son inmigrantes europeos que se dedicaron a la agricultura unos y a las minas de Ouro Preto. Pero luego tuvieron que construir una ciudad más adecuada. Empero, las costumbres sociales son de pueblo.... aún dan los buenos días al toparse entre sí en las mañanas."
Y ya en el hotel, ubicado en una área residencial pero comercialmente céntrica, se halló en un pequeño apartamento con su sala, cocina, baño y recámara aparte. El lugar ideal para estar "en familia." Aunque, en este caso, sería "a prueba de sin familia."

Lo primero que hizo luego de desayunar fue caminar hacia la Avenida do Contorno, la cual circunvalaba las partes más importantes de la ciudad. Ahí abordó un autobús que le hizo el recorrido que siguió en su mapa. En esta ocasión sería transporte público -- autobús -- y caminando.

Su aparthotel estaba en el área llamada Savassi, la cual era considerada segura, tenían muchos lugares para comer y la mayoría de las atracciones turísticas estaban lo suficientemente cerca como para caminar.
Bueno, esa era la teoría. Pero lo cierto es que había dejado su bastón en Panamá -- realmente lo olvidó -- y se encontró con que las aceras estaban adoquinadas, lo cual le dificultaba el caminar, aunque la vista hacia las mismas era preciosa por el patrón de colores que formaba.
De manera que, se dio cuenta de que realmente dependía de sí mismo -- nadie que lo rescatara si se tropezaba al caminar. Y, tratar de comunicarse en portugués no le fue nada fácil.
Había vivido en Europa durante varios años y se había familiarizado con el portugués original, pero lo que se hablaba en Brasil no se le parecía en nada, especialmente cuando oyó que algunas consonantes se pronunciaban de manera totalmente diferente, por lo que decidió mejor hablar italiano lo cual, por alguna desconocida razón, le funcionó bien. Para remate, la mayoría de las personas no hablaban inglés, que lo sacaba de apuro cuando no conocía el idioma del lugar.
Belo Horizonte era el paraíso para el caminante. Fue hasta el Parque Municipal Américo Renné Gianne donde halló un precioso lago y muchos recovecos donde podía sentarse bajo la sombra de un inmenso árbol y practicar su deporte favorito: mirar a la gente. Y, en esta ocasión, pudo ver cuando varios policías hicieron una redada y se llevaron presos a quienes parecían ser ilegales o vagabundos bajo influencia de drogas.
También se encontró ante un edificio antiguo e inmenso que tenía una composición de tres estatuas de bronce de tres señores conversando. La misma tenía tanta vida que puso su cámara en automático, se incorporó al grupo y se tomó una foto. Ya en casa la tituló "conversación entre políticos."

Llegó la hora de almuerzo y simplemente siguió a un grupito de oficinistas que entraba en pequeños restaurantes donde vendían comida "por el peso." Esta modalidad le era totalmente desconocida, y por algunos Reales comió arroz, frijoles, carne y ensalada verde. Lo anterior se acompañó de un mini-café de cortesía. Decidió que ésta sería la rutina de almuerzo para los siguientes dos días.
En cuanto a la cena, cerca del hotel había un pequeño mini-súper donde compró queso, carnes frías, sodas, pan.....
Pero su mayor disfrute fue el aroma de la ciudad: limpieza.

Como le había mencionado el compañero del vuelo la gente de Belo Horizonte era, en efecto, muy cortés y amigable. Y logró sentirse medio acompañado con los gestos de saludo de las personas que caminaban.
Mas, se sintió extraño en la cocinita del apartohotel cuando decidió prepararse su cena. La colación nocturna era casi un ritual en su casa, cuando siempre se sentaba en el mismo sitio y ponía un vaso con agua adicional en el lugar al frente, como esperando que ella llegara a acompañarlo. En esta ocasión no colocó el vaso y se sentó a comer su emparedado con una Coca Cola muy consciente de estar solo.
La hora de comer siempre le resultaba incómoda, lo cual trajo como consecuencia a través de los años que hubiera perdido cerca de veinticinco libras. En dicho momento se le hacía difícil tragar, y ninguna vianda se le hacía atractiva. En esta ocasión notó que tenía hambre y estaba comiendo con ganas. Y hasta hizo una lista mental de cositas que compraría para las dos cenas siguientes.
Cuando comía en un restaurante siempre buscaba una mesita apartada. Pero se dijo que en el comedor al día siguiente buscaría una mesa en la cual hubiera alguien sentado y así hacer algo de vida social. La práctica no era frecuente en Panamá pero en países en los cuales los restaurantes estaban muy congestionados era común compartir mesas. Y parecía que en los comedores de Belo Horizonte se podía hacer.

Notó que las paredes de la recámara no se acercaron a su alrededor, lo que ocurría con frecuencia en su apartamento en Panamá. Y se sumió en un plácido letargo que se convirtió en un sueño profundo, despertando por un rayo de luz que brilló directamente en su cara.
Y luego de completar su ritual de baño, afeitada y alguna calistenia se fue directamente al salón de desayunar, donde constató que todas las mesas estaban ocupadas. De manera que le preguntó a un joven si podía sentarse a su mesa, siendo bienvenido.
La conversación se dio en francés ya que el compañero era suizo y estaba participando en una convención internacional de una casa farmacéutica.
Brasil había sido la punta de lanza en el desarrollo y distribución de medicamentos genéricos contra el VIH, siendo éste el tema de conversación durante el desayuno. Y el viejo se sintió en terreno seguro ya que había trabajado en el asunto desde el primer caso en Panamá.
En general, se sentía a favor del desarrollo de medicamentos genéricos. Empero, había la pequeña sospecha de que no fueran tan buenos como los originales. Pero lo importante fue que concluyó que su salud mental estaba bastante bien ya que pudo hablar con la misma fuerza que en los viejos tiempos, y hasta sintió deseos de ponerse más al día.
Aunque, al terminar el desayuno y despedirse, ya de camino de regreso a su habitación, se preguntó: -"¿Por qué me senté con un varón? Había varias damas comiendo solas."

Los dos días siguientes los pasó recorriendo Belo Horizonte especialmente a pie, aunque de vez en cuando tomaba un autobús si se sentía demasiado cansado para regresar andando.
Continuó desayunando acompañado, pero alternó con una señora que también estaba participando en la convención farmacéutica. La conversación giró sobre el tema del VIH hasta que la dama empezó a preguntarle por qué estaba en la ciudad y, cuando se enteró de que era viudo, jubilado y básicamente perezoso internacional, pareció estar más interesada en la disponibilidad social que en el tema en cuestión.
De manera que, de alguna manera elegante apresuró la ingestión de sus alimentos y se excusó para "huir del peligro...."
Estuvo muy consciente de la huída y decidió analizar la acción en algún momento durante su estadía en la ciudad brasilera. Lo haría utilizando la técnica de "silla vacía," en la cual hablaría con ella para poner el futuro en la perspectiva realista.

  El Retorno

Roma

El muchacho decidió regresar a Panamá. Casi veinte años en Roma fueron suficientes para darse cuenta de que su libertad y amor propio no podían seguir en venta.
Sus visitas al Monte Caprino en la madrugada ya habían perdido su magia.
-"Ya estoy viejo y ni me miran."
Y, en efecto, llegó a Roma con el entusiasmo de sus veinte años y la protección de uno de sus levantes que le propuso una vida de lujo a cambio de su cuerpo... y tal vez de su alma.
No le fue difícil arreglar la legalización de su estadía en Italia. Eran los tiempos en que dicho país necesitaba de inmigración profesional joven, especialmente en el área de enfermería. Además, su patrocinador tenía toda la palanca necesaria.

Aprendió a hablar el italiano con rapidez, aunque por un largo tiempo se consideró analfabeta hasta que decidió aprender a leer y escribir el idioma a la perfección.
Alguien le había dicho que tenía todos los requisitos para aprender idiomas con facilidad: perfecta ortografía, oído musical incuestionable, buen manejo de los números.
Al final de su primer año en Italia ya podía pasar por italiano, excepto por sus ojos oblícuos.
Y ese detalle fue el inicio de sus conflictos. Era prácticamente asediado por quienes querían saborear una muestra, lo cual logró sortear, más por temor a ser sorprendido por su pareja que por sus creencias sobre fidelidad.
En fin, no se engañaba porque admitía que estaba viviendo una "prostitución de altura". Hasta que descubrió, por casualidad, el Monte Caprino, a un costado de La Tarta -- el monumento a Vittorio Emanuelle.

Había estudiado enfermería en la Universidad de Panamá, y se había graduado muy joven, casi coincidiendo con la aparición de Aldo, unos quince años mayor que él. Éste estaba realizando una consultoría para una organización internacional de salud. Y en una de las actividades conoció al muchacho.
El médico italiano no tuvo ninguna dificultad en entablar una conexión con el enfermero. Ambos eran jóvenes, aunque en diferente grado, y sabían lo que querían. Aldo se imaginó al chiquillo en su apartamento en Roma, y el recién profesional se visualizó huyendo de Panamá e inmerso en una sociedad más "libre."
El muchacho era bastante reservado, y mantuvo sus planes en secreto. Aunque, el gremio de enfermería era un poco más flexible, y algunos colegas supieron que estaba haciendo gestiones administrativas para tener todos sus documentos profesionales en orden para emplearse en Italia, país que estaba confrontando una escasez importante de enfermeros.
Además, molestó un poco a su comunidad perder uno de los poquísimos enfermeros en un país en el cual la profesión era ejercida mayoritariamente por mujeres.

Su familia se mantuvo al margen de todos los planes. Tal vez por características culturales veían de lo más natural y hasta lógico que un joven como él consiguiera quien lo mantuviese ... no importaba en calidad de qué. Lo importante era subir en la pirámide económica, aunque no necesariamente social.
De manera que en una acción simbólica partió de Panamá un 31 de diciembre, y al día siguiente arribó a Fiumiccino, el aeropuerto internacional de Roma.
-"Año Nuevo... vida nueva." Fue lo que se le ocurrió decir cuando saludó a su medio colega y patrocinador.
Aldo tenía un pequeño Fiat que los condujo a un viejo edificio de apartamentos en los alrededores de la Piazza di Espagna. Por fuera se veía bastante descuidado y recordaba a los viejos edificios del área antigua de Ciudad de Panamá. La diferencia estuvo que este tipo de edificación se veía tan dilapidado por fuera como por dentro en su ciudad natal. En cambio, al pasar el portón principal se encontró con una especie de jardín central muy bien cuidado.
Iba a tener su propia habitación, aunque había que compartir un gigantesco baño, aparentemente tan antiguo como las escalinatas de la famosa plaza contigua. Y ambas cosas fueron novedad para el enfermero, que había vivido en un pequeñísimo apartamento de inquilinato social en su tierra.
Su amigo habló algo de ir a un hospital para un recorrido de reconocimiento y la posibilidad de tomar unas lecciones de italiano. También le entregó un par de miles de Liras, que al joven lo hicieron sentir millonario, aunque traducidas a U.S. Dollars no era mucho.
Y sin querer comer nada decidió acostarse porque no había logrado dormir ni un segundo en el vuelo nocturno desde Newark hasta Roma.
Y durmió profundamente, sin sueños ni dueños.....

Ésta había sido la primera separación de su patria, y su actitud relativamente sin importar y su aparente independencia emocional de sus familiares, amistades y tierra encerraban una verdadera separación.
Al despertar luego de un sueño muy largo empezó a sentir un vacío en su pecho y escenas de su vida en Panamá empezaron a proyectarse en su frente como una pantalla pero con los ojos cerrados. Y decidió rendirse ante sus sentimientos.
Se refugió en el inmenso baño, el cual le recordó uno similar en un hospital, especialmente por las baldosas, blancas, que recubrían todas las paredes. Y mientras se sentó en el excusado se soltó. Empezaron a salir lágrimas de lugares donde jamás pensó que se producían.
El ataque de llanto demoró un buen rato porque cuando pasó cayó en cuenta de su estado de deshidratación, lo cual lo hizo correr a la pluma de agua. Unas horas más tarde sufrió diarrea debido a que su estómago no estaba preparado para el agua romana, aún.
Le había escuchado a su terapeuta que era buena idea ponerle un alto violento a ataques de tristeza, lo cual hizo frente al espejo del baño mientras se dió una fuerte cachetada en la mejilla derecha y se dijo, en voz audible: -"¡Para... no más llanto y sigue adelante!"
Después de eso se sintió listo para encarar su nueva etapa de vida.

Aldo no trabajaba en un hospital romano sino en una organización internacional. Esto lo convertía, básicamente, en un médico viajero, trasladándose de un país a otro dependiendo de la emergencia que surgiera.
Lo anterior no hubiera tenido ninguna importancia salvo la posibilidad de pasar largos lapsos fuera de Italia, dejando al muchacho solo durante su período de adaptación. Pero éste decidió que le convendría para ponerse las pilas.
Mas, el tema sí le ocupaba algo de tiempo porque su idea de una vida en pareja era bastante tradicional, especialmente con la presencia constante de ambos, y no le agradaba la idea de quedarse solo por mucho tiempo. En su interior, alentaba la esperanza de que Aldo cambiase a un trabajo con base en Roma.
Logró matricularse en una serie de clases privadas con énfasis en hablar italiano más que escribirlo y leerlo. Pensaba que había suficiente similitud con el español para hacerlo de esta manera. Y se mantuvo alrededor de tres meses en un plan de clases diarias con el domingo libre.
Aldo estaba en algún lugar de América en un plan de tres meses, también. De manera que no había más remedio que hablar el idioma nativo y cero español porque aún no había podido conocer hispanoparlantes. Resultado final: aprendió a manejarse analfabetamente en italiano con suma rapidez.
Además, aprovechó para ver qué tipo de hospitales había en la ciudad para luego regresar a ofrecer sus servicios una vez que Aldo regresara al país.

Si bien era cierto que había una gran escasez de personal de enfermería en Italia, también era cierto que no era asunto de llegar y quedar empleado. Las exigencias eran bastante estrictas, y las mejores oportunidades las tenían aquellos que tenían alguna especialidad más allá de sus conocimientos básicos de la profesión.
Además, aquello de aprender únicamente el italiano para conversación no fue nada realista, y el muchacho tuvo que añadir un programa para alfabetizarse en el idioma.
De manera que, al final de los tres meses se sintió lo suficientemente preparado como para tomar un curso de preparación para el parto. Y, para variar, resultó ser el único varón en el mismo, lo cual lo puso en apuros porque su carisma y buena presencia lo hacían sumamente atractivo. Aunque, lo salvaba su corta edad ya que parecía que las compañeras preferían conquistas de aparente mayor experiencia.
Y, al revés de la moneda, sí era motivo de aproximación para compañeros de hospital en el cual estaba tomando el curso. Pero no le prestaba mayor atención al casi asedio porque consideró que necesitaba enfrascarse de lleno en sus actividades de aprendizaje profesional. Además, quería probarse que podía mantenerse fiel a su patrocinador.

Durante los primeros meses se mantuvo bastante ocupado con sus clases tanto de italiano como de la especialidad que había decidido aprender. Y no le quedaba mucho tiempo para hacer turismo.
Como deber cultural un domingo se fue a San Pietro, donde coincidió con una misa ante la cual no se concentró mucho por estar mirando a su alrededor. Y como nunca había sido muy religioso, a pesar de haber sido llevado por su abuela a varias procesiones en Panamá, rezando durante el trayecto y doliéndole los pies al caminar sobre las calles adoquinadas del Casco Viejo, se sintió muy ambivalente en la majestuosa catedral capital del mundo católico.

La opulencia en oro y mármol que adornaba el recinto le hizo recordar al curita de su parroquia, que no lograba recoger suficiente dinero para ayudar a alimentar a los pobres que llegaban todos los sábados a buscar alguna limosna, ya fuera en dinero o en especies. Claro, los miembros de la parroquia eran todos pobres, pero cuando llegaba la colecta anual de la campaña arquidiocesana todo iba a un fondo común, una parte iba para Roma y no parecía quedar casi nada para quienes habían donado con fervor y sacrificios.
Al final concluyó que toda la burocracia eclesiástica era como una gran Asamblea Nacional, en la cual los altos funcionarios reciben los mayores beneficios y la parte baja del embudo se distribuía entre muchos con mucho menos.

También recordó un comentario que una vez le escuchó a su terapeuta cuando se refirió a un viaje que hizo a Quito.
El doctor relató que entró en una iglesia en la parte antigua de la ciudad y quedó apantallado con la revestimiento de pan de oro de toda la iglesia y de todos los altares que estaban colocados a cada lado de la nave principal.
Parece que el terapeuta quedó impactado al ver a una indiecita descalza, cargando una bebé, llorando mientras hacía alguna petición a una imagen de alguna versión de la Virgen María. Y añadió que le provocaba arrancar un pedazo de oro ya fuera del ropaje de la estatua o del altar para dárselo a la representante de la miseria humana para que lo vendiera y pudiera salir de su apuro. Porque vio un sacerdote pasar cerca y hacerse la vista gorda.
De manera que el joven decidió no regresar al Vaticano a menos que tuviera que llevar a alguien como guía turístico improvisado. El resto de las visitas a otros centros de atracción extranjera tendría que esperar.
Pero sí se llevó un chasco cuando caminando del Vaticano hacia Castel Sant' Angelo alguien le susurró finocchio al pasar a su lado.

En la década de los 80 todavía no había tomado fuerza lo que hoy se denomina verbalización "políticamente correcta," y sí le sorprendió escuchar el improperio. Y rápidamente hizo una evaluación de su vestimenta, la cual no encontró mayormente diferente a la de cualquier congénere de su edad.
¿Ademanes feminoides? En terapia aprendió a eliminarlos, aunque estaba consciente de ser un poco más "fino" que los panameños de su generación. Ya le habían dicho a sus padres que no sería el "machazo" pero no sería rechazado por su comportamiento social. Y esto había resultado ser cierto.
Lo único que le quedaba era lo que su madrina no se cansaba de repetir: -"Es demasiado bonito para ser hombre."
De hecho, se pagó una parte de su carrera universitaria trabajando como modelo luego de tomar un curso de modelaje en una agencia local. Y era bastante bueno porque su rostro se veía en vallas publicitarias a través del país. Mas, ya una vez graduado, sintió que su atractivo ya había cumplido su cometido.
Claro, esto fue relativo, porque luego aparecieron los deseos de vivir su vida más libremente, y vislumbró que había una manera más fácil de lograrlo.
Y ahí empezó a ver a su alrededor en busca de patrocinador.

A través de las terapias de grupo aprendió a prestar más atención a lo que pensaba de sí mismo que a los comentarios del público. -"En fin-" decía el terapeuta -"a todos nos miran, a unos por feos y a otros por bonitos." Y, siempre concluía: -"Lo malo es cuando siempre se pasa desapercibido... como si no se existiese."
Pero la palabrita italiana sí fue parte de un choque cultural. Y, en cierto modo, al inicio percibía la sociedad italiana con algo de desprecio.... Panamá era moderna, Italia era ambigua ... que no había supermercados y cada vianda se compraba en una tienda distinta... Descubrió que era un país en el cual sus habitantes luchaban para estirar sus Liras. En Panamá podía comprarse una camisa para cada fiesta. Los italianos guardaban una para múltiples ocasiones.
El desodorante personal era de poco uso, y el olorcito le molestaba, especialmente en el transporte público durante el verano. Y se empezaba a sentir un rastro de rechazo a los extranjeros, especialmente de algunos países suramericanos, Albania y África del Norte. Entre más oscuros, indiados y chaparros peor.
Por suerte él era claro, alto, y su única señal de genes indios se sugería en sus ojos.

Cuando Aldo regresó se sorprendió de la facilidad con que el muchacho se desenvolvió en el aeropuerto y al entrar a una heladería para celebrar su regreso.
Luego fue más notorio el progreso posterior en la clase de preparación para el parto.
Ya había dejado de ser analfabeta en italiano y se podía pronosticar su aceptación en cualquier hospital como enfermero especializado.
Fue en esta etapa que Aldo inició los trámites para obtener tanto el permiso de trabajo como la visa de residencia. Y, como era de esperarse, era una etapa apropiada para ingresar a la fuerza socio-económica-laboral italiana. Por lo que al cabo de casi un año el joven obtuvo su status migratorio permanente.
Aunque Aldo no dejaba de enviar mensajes sobre su inherencia en el asunto. El meta-mensaje era claro: -"Soy tu dueño." Y lo anterior se acompañaba de una advertencia: -"No tienes que poner ni un centavo. Yo lo pago todo... aunque trabajes."
En Panamá situaciones como éstas eran definidas en la terapia de grupo como prostitución de altura... pero, en general, sí había la creencia de que "el que más tiene paga..." A lo que el terapeuta añadía: -"El que paga manda."

Después de haber visitado muchos hospitales y clínicas tanto públicas como privadas encontraron el Ospedale San Pietro Fatebenefratelli, el cual sería eventualmente re-ubicado en la Vía Cassia. De hecho, había tomado el curso de preparación para el parto en dicho Centro.
Había aprendido el curso Lamaze, educación prenatal y otras estrategias que el joven estaba preparado para desempeñar. Y luego de varias entrevistas y recomendaciones tanto de Aldo como de ex-profesoras de enfermería fue aceptado.
Ser el único varón en el equipo de enfermería lo hacía sentir como "Bendito tú eres entre todas las mujeres....," aunque sin aquello del "fruto de tu vientre." Aunque la mayoría de ellas eran matroncitas que lo trataban más como hijo que como compañero.
Y adquirió mucha popularidad tanto entre las pacientes como entre el resto del personal del hospital.
Con este perfil se acomodó a su nueva vida profesional.

Durante su primer año pudo mantenerse totalmente dedicado a su trabajo y a lo que él llamaba sus "atenciones de pareja," que más bien eran atenciones a Aldo. Y lo cierto es que tampoco le quedaba mucho tiempo para otras actividades.
Empero, un día tuvo una experiencia inesperada durante una de las sesiones con una pareja que estaba supervisando para su próximo parto. Todo empezó de una manera bastante inocente.
Los Manfrini, un binomio de alrededor de 25 años cada miembro, habían asistido a todo el proceso de preparación en el cual el joven experto era el instructor. Pero en la última sesión el muchacho se percató de la insistente mirada del futuro padre.
Rápidamente hizo una evaluación del Sr. Manfrini y concluyó que estaba en un valor de EDAS-3, significando que le resultaba atractivo tanto estéticamente como sexualmente. Esto ya lo había aprendido en las terapias de grupo hacía años en Panamá. Y sabía que debía tener cuidado porque la siguiente etapa significaba que estaría dispuesto a aceptar una actividad sexual si el sujeto lo sugería. En todo caso, él no tomaría la iniciativa, que ya sería subir al máximo nivel.
¿Qué le hizo ubicarse en EDAS-3 ante el futuro padre? Sintió el dulce descenso de una gota de fluído seminal o Fluído de Cowper a través de su uretra y, aunque no sintiera erección, para él ya era señal de que su cuerpo estaba preparándose para un encuentro sexual.

El factor sorpresa fue más bien una reminiscencia de su vida sexual en Panamá. Encuentros sexuales con hombres casados habían sido frecuentes en una cultura en la cual nadie se consideraba homosexual a menos que fueran "pasivos."
Mas, parecía que tal vez a través de algún proceso de maduración adulta, por lo menos así lo concluyó, empezaba a cuestionar por qué algunas cosas ocurrían y por qué algunas personas llevaban a cabo acciones que traicionaban lealtades como las que se esperan en un matrimonio.
Y rechazaba, en Italia, la idea de irse a la cama con alguien que estaba en el proceso de adquirir la responsabilidad de ser padre, y más cuando él tuvo alguna participación en la misma.
En la otra cara de la moneda, fue la primera vez en muchos meses que se sintió responder sexualmente a otro hombre. Y esto lo hizo sentirse moralmente incómodo, tal vez por primera vez en su vida.

El Monte Caprino no estaba incluido en la ruta de los turistas, aunque estaba ubicado a la derecha del gran monumento a Vittorio Emanuelle conocido como La Tarta y para aquellos que por curiosidad se adentraban en el bosquecillo se encontraban con suaves colinas atravesadas por angostos trillos, algunos empedrados y otros de tierra seca.

Lo más agradable de caminar por el Monte era andar entre arbustos y árboles que tendían a brindar una sombra acogedora y aún en el ferragosto protegían contra terrible calor veraniego italiano. Además, se percibía un aura de intimidad pero que, curiosamente, no parecía aprovecharse.
El muchacho que sí se sintió atraído por el lugar pudo observar que había mayor presencia de carabiniere o policías que en otros ámbitos de la ciudad. Y, siendo una persona bastante curiosa, preguntó en el hospital qué tenía de particular el parquecito.
-"Gli finocchi"- fue lo que le dijeron, añadiendo luego que ese era un punto de encuentros sexuales muy conocido, especialmente de noche.
Y con esta información fue presentándose la curiosidad particular del joven enfermero.

Parte de la "picazón" parecía debida a la nueva ausencia de Aldo, quien se había trasladado a Médicos Sin Frontera y había aceptado una permanencia de un año en Haití. Y, por muy altruísta que fuera la acción causaba mucha molestia por la falta de continuidad en la relación.
-"¿Por qué tienes que estar trabajando en una organización en la cual no puedes estar en un lugar por mucho tiempo?"- fue su interrogante.
-"Bueno, sí voy a estar meses seguidos, pero en Port-au-Prince" - le respondió en medio de una carcajada.
-"No le encuentro la gracia..... ¿para eso me trajiste desde América? ... mejor me hubiera quedado en Panamá."
Pero no le quedó más remedio que aceptar la situación. Aldo, por alguna razón sólo conocida por él mismo, no podía quedarse en su país a trabajar, y necesitaba vivir una aventura constante.
Por su parte, el muchacho se encontraba muy ocupado en su trabajo y no tenía tiempo para pensar mucho sobre la extraña situación de pareja. Y en esta ocasión Aldo regresaría cada tres meses por una semana.

Al final, pensaba que habría una compensación ya que el médico siempre dijo que quería comprar un piso en Panamá para, eventualmente, irse a vivir allá.
Pero, la psique del enfermero parecía estar preparando una protesta.

Un día amaneció con ganas de hacer algo de turismo aventurero, y decidió tomar el tren un viernes para ir a Mónaco. Como no tenía que gastar de su dinero había logrado ahorrar una cantidad considerable a través del tiempo. Y, viajar solo no le molestaba porque como "de todas maneras siempre estoy solo...."
De manera que fue a Termini, la estación de tren de Roma, y pidió "un biglietto per Mónaco."
Lo compró en primera clase porque, aún así, los trenes italianos en aquellos tiempos no tenían los asientos más mullidos del mundo. Y tampoco quería comprar uno de "wagon lit" porque le parecía demasiado caro una cama para un viaje nocturno. Con suerte tendría un puesto para tres en el compartimento y lograría dormir bien.
El tren partió a las once de la noche, y el joven se durmió casi que de inmediato al vaivén de la mecedora mecánica que parecía el vagón. Despertó súbitamente cuando dejó de mecerse al detenerse en una estación. Miró hacia afuera y leyó Verona, la última estación antes de cruzar la frontera para Alemania.
-"¿Qué carajo?"- Tomó su maletín y se apeó rápidamente para dirigirse a la ventanilla de venta de tiquetes.
-"En efecto, ese tren va para Mónaco. O sea Munich"- le respondieron.
Y resultó que debió pedir un boleto para Il Principato di Mónaco en lugar de Mónaco a secas.
De manera que decidió quedarse a ver la ópera Pagliacci, cuya propaganda estaba en una pared de la estación de tren.

Encontró un pequeño hotel frente a la estación. De hecho, casi todas las estaciones de tren italianas tienen hoteles en sus alrededores. Y tomó una pequeña habitación con el baño al final del pasillo.
Pasó el día recorriendo la ciudad de Romeo y Julieta, que mantenía suficiente de su antigüedad como para imaginarse a los amantes de Verona corriendo entre sus callejuelas. Lástima, pensó, que no había gelato en aquél tiempo.
La Arena di Verona era una construcción que recordaba los coliseos romanos, aunque no le pareció que fuera realmente antigua. Y la presentación de Pagliacci estuvo a la altura de sus expectativas.
Como ya había comprado su boleto de regreso a Roma anduvo caminando al salir de la presentación, pero encontró que todo cerraba bastante temprano. De manera que no pudo tomarse la copa de vino que le apetecía.
Al entrar al compartimento del tren vió que había cuatro personas. Iba a ser un viaje diurno y, por lo visto, acompañado por una familia de padres cuarentones y un par de hijos adolescentes.
No tuvo ninguna dificultad en entablar conversación. A pesar de que hablaban uno de los tantos dialectos italianos se comunicaban en italiano regular con nuestro joven.

El escape, frustrado, al Principado de Mónaco, le dió una vía de libertad de su monótona vida como profesional.
Y decidió que aprovecharía todas las oportunidades que tuviera para conocer Italia. Esta alternativa se le hizo graciosa porque recordó que nunca había ido a Las Tablas en Panamá a participar de los carnavales. Allá había un slogan publicitario que leía: "Conozca Panamá primero y después el extranjero." Pues, sería al revés.
Ya tenía algunas amistades en el hospital, especialmente entre sus colegas femeninas. Una lo invitó a pasar un fin de semana en Florencia, unas cuantas horas desde Roma. Y se quedarían en casa de familiares, abaratando el costo del escape.
Como era de esperarse, la visita a la estatua del David de Miguel Ángel era una meta fija. Y quedó completamente paralizado por la perfección de un cuerpo humano que solamente podía lucir como tal esculpido en piedra, donde el paso de los años no cambiaría músculo en grasa, tersura de piel por arrugas y descenso de testículos por vejez.

Su turbación fue tanta que en un impulso al caminar sobre las aceras bordeando el río Arno que recorre la ciudad de Florencia vió un grupo de personas inmersas en sus engañosamente limpias aguas. Se quitó la ropa, quedó en calzoncillos y se tiró al caudal acuoso.
Como había más gente no se sintió ridículo y sus amigas reían como madres orgullosas ante las travesuras de un niño que ya frisaba los treinta años.
El frío del agua le disminuyó la urgencia sexual que surgió con una fuerza inesperada frente al David.
Y en algún momento recordó una conferencia de su terapeuta en la que expuso su hipótesis sobre la tercera edad iniciándose a los treinta años para los gay.
Ya estaba en los albores de dicha década e hizo un rápido recuento de sus alcances. Dinero en el banco... suficiente para vivir un par de años sin trabajar ... una pareja a tiempo parcial ... un trabajo permanente que le satisfacía. Pero sentía una intranquilidad entre física y emocional que le intrigaba. Era como si la seguridad que había adquirido no fuera suficiente.

Excepto aquello de desempeñarse como "prostituto de altura" le había provocado cierta culpabilidad inicial, pero la neutralizó manteniendo una fidelidad total. Aunque estaba convencido de que Aldo no la cumplía.... pero, era el precio a pagar.
Se convenció de que había emulado el rol de su madre, quien siempre excusó las infidelidades del marido con la justificación latinoamericana de "él es hombre..." y "si se va no tendremos quien nos mantenga..." Aunque sí cuestionaba lo de no tener lo de la manutención. Él podía solo, pero había decidido que no fuera así.

Pero entrar al río fue como regresar al útero materno pero frío y no tibiamente protector. Salir del agua buscando mejor temperatura fue como un renacer. Y algo en su interior le dijo que debía haber algo que produjera mayor calidez emocional. Ya la frialdad de su estilo de vida le estaba empezando a congelar sus sentimientos.

Soñó que estaba en el recinto vacío con la estatua del David. Y, mientras la contemplaba, el gigante, ya no como estatua, se le acercó y lo cubrió con un abrazo más fraternal que sexual que le hizo sentir el calor al salir del Arno.
¿Qué significaba que una estatua viva de cientos de años le hubiese regresado tibieza a su vida?
-"Lástima que el Doc no esté aquí" - pensó. "A él le fascinaba buscarle la quinta pata al gato."
Pensó escribirle a su ex-terapeuta, pero recordó que se fue a Italia sin despedirse y se le bajó el entusiasmo. -"Aunque con su paciencia no debería haber problemas si le escribo." Y engavetó el proyecto para más adelante. Sabía que én algún momento haría el contacto.
"Cuando el proceso terapéutico es adecuado siempre queda una puerta que puede abrirse"- recordó que alguien había comentado.

Un día le tocó atender una pareja que estaba próxima a la llegada de un nuevo vástago. Y al finalizar la consulta la madre le comentó:
-"¿Te gusta la música coral?"
-"Me gusta cualquier música clásica."
-"Hay un concurso coral en Arezzo, y participan coros de todo el mundo. Leí que viene uno de tu país. Se llama Música Viva. La información te la recorté del Corriere Della Sera."
El muchacho leyó y recordó que cuando venía para Italia el coro estaba iniciándose en Panamá, y que había ganado un premio importante en Colombia. Y, por lo visto, era bueno porque ya había estado en Europa antes. Además, se presentaría un domingo en el Vaticano durante la misa de medio día.
Ir a Arezzo se la haría difícil, pero podía ir a la catedral. Además, Aldo estaba en Roma y lo invitó a acompañarlo; lo cual hizo con alguna reticencia. Él hubiera preferido dormir más en una mañana de domingo.

No le entusiasmaba ir a San Pedro porque no se identificaba con la religión católica, pero sí estaba picado por la curiosidad de escuchar al Música Viva.
Llegó temprano y le explicaron que el coro se colocaría a un costado de la nave en un pequeño enclave que se preparó para sus veintisiete miembros. Darían un mini-concierto de música clásica y folklórica latinoamericana al terminar la misa. Mientras tanto, el coro del Vaticano cantaría durante la liturgia.
Aunque no había la bonificación de la presencia del Papa de turno porque se hallaba en África la Catedral de San Pietro estaba abarrotada de público, unos religiosos y otros turistas que caminaban por todos los vericuetos del recinto.
Ayudantes de la iglesia ayudaron a repartir volantes sobre la trayectoria del Música Viva y el enfermero conoció que habían estado en Cuba, Washington, D.C., Colombia, Rusia, los Países Bálticos, España y otros lugares, siempre participando en festivales y concursos corales. El grupo se fundó en 1977 y ya tenían más de diez años de actividad.

Llegaron con antelación a la iglesia, y al leer la lista de los miembros del coro se encontró con un par de nombres conocidos en el folletito sobre el coro. Especialmente el de un compañero de universidad que estudiaba en la Escuela de Medicina y ya era médico. El otro fue el de su ex-terapeuta, a quien jamás imaginó ver por aquellos lares.
Entre el público avistó a los embajadores de Panamá en la Santa Sede, una pareja de pianistas-concertistas de gran fama y sencillez, quien extendió una invitación a una pequeña recepción a todos los panameños que habían asistido al concierto.

Se acomodaron en su puesto y apenas se inició el programa le dedicó menos atención a la música que a la búsqueda de su Doc, como él lo llamaba. Lo avistó en la cuerda de los bassi.
Mientras que en las terapias de grupo él manejaba el grupo, aquí era simplemente uno de los instrumentos que controlaba el Maestro. Y al mucho le causó alguna incomodidad ver a su terapeuta en el papel de una tecla, por muy importante que fuera.

Durante la presentación hubo un momento en que el recuerdo de Panamá a través de los cantos se le hizo demasiado emocional. Y escuchó el "Cabanga no Comeré" de Brenes entre lágrimas. A esto se sumaba el elemento de orgullo que sentía por ser panameño ya que el nivel del coro era excelente, haciendo gala de fiato apenas perceptible.
Al final, buscó primero a su amigo médico, especialmente para asegurarse de haber reconocido al Doc después de tantos años.
El terapeuta convertido en cantante le reconoció el rostro pero no recordó su nombre. Pero el muchacho recordó que era una característica antigua de la memoria del doctor. Mas, aparte de ese detalle el fulano le salió con: -"Te viniste a Roma a lo chepano." -"Pero le aseguré a tu madre que te iría bien. Y creo que no me equivoqué.... ¿Y el médico que te trajo aún existe?"
La respuesta no se hizo esperar. -"Aquí estoy, doctor, y quisiera que salgamos a dar una vuelta... El gelato es delicioso y el espresso no se queda atrás."

-"De paso, me llamo Aldo."
-"Pues me apunto para el espresso-" y siguió - "Tenemos libre mañana."
Y quedaron en que el joven pediría el día libre. Aldo ya lo estaba y lo recogería en el hotel desde donde podía ver San Pietro desde un agujero en la cerradura de una puerta en una de las siete colinas que rodean Roma.

Como el concurso era en Arezzo, no muy lejos de Roma, Aldo sugirió ir hasta allá para que el doctor pudiera recorrer las joyerías. Éstas eran famosas en Panamá porque muchos de sus productos eran exportados a dicho país. Naturalmente, se creía que en el lugar de origen serían más baratas, pero no fue así.
Mas el doctor sí quería que lo llevaran al lugar donde alojarían al grupo durante los días del concurso. Y, para su disgusto, mas no sorpresa, se encontró que era un albergo, que parecía más una casa de ocasión que un hotel. En fin, mucha sorpresa se llevarían las compañeras, especialmente Marta.
Cuando llegaron al día siguiente la "Madre de Todos" casi muere al descubrir un baño comunal por piso, y el toque final lo dieron los silbidos de los varones cuando acomodados en el balcón vieron unas cinco putas entrar en el supuesto hotel.
-"Doc, necesito hablar con usted"- comentó el joven antes de despedirse.
-"Oye, yo no estoy aquí en plan de profesional de salud. Aquí estoy como cantante. Además, ya no eres mi paciente desde hace años."
-"Pero entonces como amigos porque necesito conversar con alguien que me conozca."
-"Tengo una mañana libre al terminar el concurso. Pero tiene que ser en Arezzo porque de ahí vamos a Francia."

El Coro ganó el Premio del Público en Arezzo, y clasificó de cuarto en el concurso general. Por tal motivo el muchacho fue recibido con mucha alegría por su nuevo amigo.
-"Doc, me gustaría regresarme a Panamá" - fue su obertura.
-"Pero creí que estabas muy contento acá. Veo que aún estás con Aldo y creo que han pasado más de diez años. Además, tengo entendido que trabajo no te falta."
-"Sí, todo eso es cierto, pero no me siento feliz. Es como si me faltara algo..."

-"Eso vas a tener que explicármelo mejor, porque no tengo toda la información. Y como creo que vamos para largo, mejor me pides otro espresso."
-"Tengo todo el dinero del mundo, Doc. Aldo no me ha dejado gastar ni un centavo de mis ingresos."
-"¿Y de qué te quejas?"
-"Todo está en banco. No tengo nada realmente mío, y aunque me pudiera comprar un piso me da miedo que hacerlo me amarre a Italia."
-"¿A Italia o a Aldo?"
-"Tal vez las dos cosas. Él es una buena persona, pero sigue trabajando Médicos Sin Fronteras y es más el tiempo que paso solo que con él aquí."
-"Pero creo que tú sabías su modo operandi en cuanto a su trabajo."
-"Sí, pero las ganas de salir de Panamá eran más fuertes que mi visión de la realidad."
-"Creo que hay algo más importante que no me estás diciendo."

-"Doc, me da una vergüenza inmensa, pero lo cierto es que desarrollé una adicción al sexo y no sé cómo dejarla. Creo que si regreso a Panamá se me quitará."
-"Explícame más."-"No puedo dejar de visitar el Monte Caprino. Y lo malo es que voy de noche y me está influyendo en mi rendimiento. Regreso tarde, cansado y me voy al trabajo con sueño."-
"Bueno, recuerdo que en Panamá tenías un comportamiento bastante parecido pero no te dañó tu responsbilidad estudiantil."-"¿Será que como estoy más viejo tengo menos resistencia?"-
"No vamos a tener tiempo para meterle cabeza a todo esto. Y creo que deberías ver algún colega aquí en psicoterapia para que te ayude a decidir."-"Y ojalá no tengas el VIH, que es la novedad ahora."El muchacho se quedó callado y no contestó. El Doc prefirió no continuar el tema y continuaron con cosas generales que les tomó un par de horas.
-"¿Le puedo escribir, Doc?"
-"Dicen que hay algo que se llama inter algo, pero mi apartado es el mismo. Pero recuerda que no eres mi paciente. Te daré mi opinión como amigo y ojalá pudiera poner como condición que recibas ayuda terapéutica aquí."
-"Doc ¿me da mi abrazo de oso de despedida como en las terapias de grupo?"
-"Yo siempre me despido con un abrazo de oso, con o sin terapia." Y le dió el famoso abrazo que hizo que el muchacho se sintiera protegido.-"Ciao, Doc. Y como dicen aquí": Ti voglio bene."-
"Anche io" -

El encuentro con su antiguo terapeuta lo hizo re-evaluar sus últimos años de existencia. Sí era cierto que había avanzado profesionalmente ya que estaba bien ubicado en la pirámide ocupacional y, a la vez, había superado la imagen estereotipada que parece que se tiene universalmente de los finocchi.

Pero el ya-no-tan-joven sentía que estaba pasando desapercibido en Roma. Además, su relación de pareja, aunque estable, no tenía el contacto frecuente que él parecía requerir. De todas formas, aunque no era nada religioso, al final siempre decía: -“Dios decidirá.”


En los años siguientes aprovechó todas sus vacaciones para conocer las principales ciudades europeas. Y quedó impresionado con la calle con escaparates donde prostitutas de muchos países se exhibían. Y también se subió a la ola marina, el Prater, en Viena.

En Londres aprovechó para ver una nueva puesta en escena de Ippy Tombey, espectáculo africano que lo maravilló con su colorido y musicalidad reminiscente de la música congo de Colón y Darién en su tierra.

En algunas ocasiones viajaba acompañado por Aldo, pero lo más frecuente era que fuera solo. Y se había vuelto tan experto que no utilizaba agencias de viajes para organizar sus recorridos.

Con el andar del tiempo obtuvo la ciudadanía italiana. De tal forma que no tenía más que echarse ropa en la mochila, buscar dinero y salir a la estación de tren. Adiós a las preocupaciones de visas y enredos migratorios dentro de Europa.

Generalmente pasaba el período de Navidad con Aldo, pero en esta ocasión el médico itinerante había sido transferido a la comunidad de Ruumiita en Sri Lanka, y decidió que era demasiad costoso regresar a Roma por unos días. Además, el frío romano no se hacía atractivo.

Coincidió con que el padre del enfermero contrajo una versión fuerte de dengue y resultó una buena excusa para decidir regresar a Panamá “aunque sea para Navidad.” Aldo lo felicitó por su decisión y quedaron en verse en la primavera romana siguiente.

Panamá


El regreso fue por la ruta contraria a la inicial. Aunque él quería regresar vía Caracas, pero como su decisión fue relativamente tardía la ruta original era la única disponible.

Tenía cerca de veinte años de ausencia de su país y de la mayor parte de su familia. Algunos primos lo habían visitado en Roma, cayéndole de “paracaídas.” Sus padres nunca quisieron hacer el viaje, a pesar de que se les invitó con gastos pagados en varias ocasiones. Lo único que aceptaron de su hijo extranjero fue una suma adecuada para comprar una casita en un barrio más seguro que el original. Y por un gesto más simbólico que otra cosa siempre dejaron la tercera recámara preparada pero nunca ocupada por nadie.

-“Es para cuando él regrese”- decía la madre.

Y a principios de diciembre se encontró saliendo de la aduana del aeropuerto Tocúmen, enfrentándose tanto al calor del clima como de los abrazos de su madre y otros familiares. Al padre no se le permitió ir a recibirlo por su tendencia a agotarse con el mínimo esfuerzo.

Había un recién inaugurado corredor-autopista de peaje que lo condujo a la nueva residencia en minutos. Esto fue el inicio de un re-descubrimiento de sus raíces geográficas. El Panamá que pasaba ante sus ojos no parecía prójimo del que avistó desde el avión en su partida recién salido de la adolescencia.

Ahora encontró un paisaje muy parecido a las fotos que había visto de Miami. Y entendió por qué tanta gente estaba migrando a su país.

Entró a su recámara, acomodó su maleta y se dispuso a colocar su contenido en las gavetas y armarios. Y sintió la presencia de su madre parada en la puerta observando al hijo que sabía que algún día regresaría.

Sin decir palabras la señora se le acercó y abrazó por detrás con mucha fuerza, que él interpretó como de ternura acumulada por años. Y tomados de la mano fueron a la habitación de los padres.

El señor lo esperaba sentado en un sillón reclinable, comprado con parte del dinero enviado por su hijo, y se lo hizo saber. En ese momento el visitante volvió a sentirse muchacho, pero sin recordar nada negativo de la relación padre-hijo.

Al ver a la pareja envejecida, ambos ya en sus sesenta, sintió que también le habían caído los años. Seguía recibiendo los piropos de sus familiares que siempre lo reconocieron como el más guapo del grupo. Pero ahora había una nueva generación para la cual el recién llegado resultaba ser una novedad de la que habían oído hablar en algún momento. Se había convertido en un “doño.”


A pesar de encontrarse con una familia tan numerosa se sintió medio arrepentido por no haber mantenido contacto con algunas de sus amistades de antaño. Ahora se sentía realmente como un foráneo sin mayores contactos.

-“En fin, me fui para hacer una nueva vida” – fue su justificación.

Quiso reconocer la ciudad utilizando la táctica que utilizaba en Europa: Subir a un autobús y regresar al punto de partida.

Los autobuses ahora se les conocía como “diablos rojos” y, aunque desde hacía años este medio de transporte era compuesto por autobuses escolares gringos reciclados en Panamá, descubrió que la diferencia estaba en la temeridad y maltrato de los conductores tanto al aparato como al público. Pero la experiencia le sirvió para descubrir cierta majestuosidad en su ciudad.

Y, de paso, recordó que tenía que darle una vuelta a un apartamento que Aldo había comprado en la ciudad para cuando decidiera jubilarse.

El edificio estaba ubicado frente a una remozada Avenida Balboa que, en algún momento, quería remembrar la gran avenida playera de Río de Janeiro, pero sin la playa con arena y bikinis. Eso sí, la vista era espectacular hacia la Bahía de Panamá y a todo lo ancho de la Avenida Balboa y de lo que más adelante se transformaría en la “cinta costera.”


El apartamento estaba casi completamente amueblado y preparado para ser ocupado. De hecho, tanto Aldo como él había estado debatiendo sobre la conveniencia de alquilarlo mientras llegara el momento de mudarse a Panamá. Y decidió guardar un mensaje en su mente para retomar el tema con Aldo aunque fuera por internet.

También se dio una vuelta por los hospitales estatales que había conocido antes de irse a Europa y también por la Escuela de Enfermería de la Universidad de Panamá…. A vear si conocía a alguien. Y, en efecto, se encontró con muchas compañeras quienes ya no mantenían las mismas características ni estéticas ni profesionales que había conocido. De hecho, estaban convertidas en matronas de mediana edad y habían adoptado un aire de éxito adquirido a través de grandes esfuerzos. Y todas coincidieron en que ya era tiempo de que regresara a Panamá, especialmente por la proliferación de hospitales y clínicas especializadas en las cuales podría laborar con buen salario.

“Vaya, este regreso a casa se me ha complicado” - pensó - “No me molesta la idea de regresar….. Además puedo vivir en el apartamento y así lo cuido hasta que éste decida regresa acá.”


“Mejor espero que pase todo este enredo de la Navidad y voy a conversar con el Doc para ver qué hago, aunque a ver si lo consigo porque no he tenido noticias de él desde hace años.”


Y con esta decisión tomada se dedicó a meterse de cabeza en todas las preparaciones para la fiesta familiar de Navidad, donde volvería a probar los tamales, bollos, bebida de saril al estilo panameño además del pavo, jamón y demás importaciones culinarias gringas ya tradicionales en Panamá.

De hecho, nunca hubo una celebración navideña más alegre que la que ofrecieron los familiares del hijo pródigo, y entre comida, bebidas y baile el 25 de diciembre de 2004 se vislumbraba como una fecha inolvidable si el visitante decidía regresarse a Italia.

Un par de días antes habían recibido una llamada de Aldo desde Sri Lanka, aumentando el índice de alegría de todo el grupo, especialmente del padre, quien siempre tuvo temor de que su hijo se quedara solo en su avanzada edad….. Siempre pensaba que “los gays se quedan muy solos….”


Al amanecer del 25 alguien encendió la televisión y se encontró con que estaban transmitiendo una noticia que no le llamó mucho la atención..… “Por suerte esas cosas no ocurren en Panamá” - comentó en voz alta.

“Qué pasó?”- preguntó Aldo.

“Nada… hubo un terremoto en Indonesia y parece que un tsunami y ha habido un montón de muertos porque el agua se fue hasta Tailandia y Sri Lanka….. Y hasta pusieron a Hawaii en emergencia pero no va a llegar hasta allá..”


Al paso del día se fue sabiendo más del asunto y todo el mundo quedó amedrentado por la fuerza de la naturaleza, especialmente al empezar a recibirse imágenes en vivo de la destrucción y los cadáveres flotando en el mar que se había introducido en los villorios y hasta en balnearios de lujo en Tailandia.

En uno de los noticieros mencionaron que Sri Lanka había sido uno de los países con mayor número de muertos, pero debido a las dificultades de comunicación no había información precisa. Y en ese momento cayó en cuenta que Aldo estaba en algún lugar de la antigua Ceylan. “Ya me llamará” - se aseguró.

Pero pasaron los días y su pareja no llamaba, y decidió que llamaría a la sede de la organización para la que Aldo trabajaba y averiguaría algunos detalles. Pero por algún motivo, cada vez que se disponía a llamar, se enfrascaba en hacer algo diferente.

Llegó el año nuevo -- 2005 -- y la familia volvió a organizar una fiesta tan buena como la navideña. Y entre las decisiones para el nuevo año decidió que llamaría para saber qué estaba pasando con Aldo.

Decidió que mejor entraba al internet y para averiguar información más detallada y actualizada sobre el tsunami y Sri Lanka. Y lo que leyó le hizo recordar la reacción de su padre cuando un día vio en el periódico los cuatro números de un billete de lotería que había comprado y que había salido en el tercer premio: corrió a buscar los billetes para comprobar que eran, en efecto, los mismos números y en el mismo orden ganador.

En este caso leyó que la comunidad de Ruumiita había sido obliterada y que parecía que todos los habitantes habían fallecido. Y corrió a revisar la dirección que Aldo le había dado. Era la misma.

Llamó a la Organización y no le pudieron dar más información porque no la tenían. Mas, en cuanto a datos precisos de Aldo, le fueron negados porque era información privilegiada para familiares, y él no estaba registrado como tal.

De manera que, el inicio de 2007 no fue con fuegos artificiales sino con una bomba que estalló en su corazón y en sus planes para el futuro.

 

El Re-encuentro 


Decidió que buscaría la información sobre el paradero del Doc. “Él siempre fue muy objetivo y me puede ayudar…”

En Panamá lo más fácil siempre ha sido consultar el directorio telefónico, aunque con la aparición de teléfonos celulares mucha gente no está optando por los teléfonos fijos residenciales. Mas, en este caso tuvo suerte.

“No, joven -” le respondieron -- “el doctor falleció durante uno de sus viajes hace un par de años.”


No tuvo fuerzas para preguntar más, dio las gracias y cerró el teléfono.

Pasó varios días andando por la ciudad ya fuera en autobús o a pie, y se imaginaba caminando entre una bruma londinense. Pero Panamá no tenía bruma sino un sol esclarecedor y una vista límpida.

En un momento decidió “voy a actuar como si estuviera conversando con el Doc ; yo siempre sabía qué me iba a decir.”


Mas, llamó nuevamente a la casa del Doc y preguntó dónde estaba enterrado, y le dijeron que en una cripta en el Santuario del Corazón de María.

“Allí conversaré con él” - y a la primera oportunidad se fue para allá.

La cripta estaba diseñada de tal forma que había muchas isletas llenas de nichos para poner urnas con cenizas…. Era la nueva moda para los funerales en Panamá, luego de que la Iglesia Católica diera luz verde para la cremación de sus feligreses. Y, en este caso, el nicho del doctor estaba a la altura de los ojos de nuestro personaje.

“Me hizo una mala jugada, Doc” - inició su diálogo - “Usted debió vivir forever para sus pacientes.”


“Me imagino que lo primero que debo hacer es ver en qué quedó lo del apartamento, porque yo creo que Aldo lo tenía a nombre de ambos. Después tengo que comunicarme con alguien de su familia en Italia y ver qué hago…. Si regresarme allá a trabajar o quedarme aquí…. Bueno, después vengo y le digo….”


Fue al Banco donde Aldo había hecho los arreglos para la compra del apartamento. Le dieron la información porque había una cláusula que decía que él era el contacto en caso necesario. De manera que se enteró de que el apartamento estaba pagado en su totalidad, pero que el dueño era Aldo y que en caso de su muerte, si no había dejado testamento en el cual se le adjudicaba la propiedad habría que esperar un juicio de sucesión en el cual él no estaría incluido.

Intentó comunicarse con la familia de Aldo, con la cual ni el italiano tenía mayor contacto, y los resultados fueron infructuosos.

“Doc, esto no es justo…. Yo me ocupé de Aldo por muchos años, y ahora resulta que no tengo derecho a nada…. y, para remate, ni él tomó en cuenta que esto podía pasar…. Ni que fuera a durar para semilla…”


“OK, voy a regresar a Roma lo más pronto posible para ver qué ha pasado, en realidad.”


Roma

Entró al apartamento y sintió un halo de esperanza…. Como si Aldo fuese a salir de alguna habitación en cualquier momento, y se quedó un momento en actitud de espera. Pero después de mirar alrededor se convenció de que no sería así. Y sintió correr lágrimas sin llanto con el paso de las horas sin días.

Había una delegación de Médicos sin Fronteras en Roma, y se dirigió allá para obtener información más reciente sobre Aldo. Y le explicaron que, en efecto, al médico había sido encontrado entre los cuerpos que flotaban en su comunidad en Sri Lanka, pero que eran tantos que tuvieron que ser enterrados en una fosa común.

“Dar tantas vueltas por el mundo para quedar tirado como un perro….” fue su mensaje de despedida.

“En fin” - continuó conversando - “Doc, creo que él no quería dejar huellas.”


“Cierto, Doc, ahora es mejor que consulte con algún abogado, a ver si puedo quedarme con algo de Aldo aunque sea para recuerdo…”


Mas, el avocato le comunicó que en Italia no existía ninguna ley que lo amparara porque eran simplemente dos amigos que vivían juntos y no había un testamento que dijera nada sobre él. La familia ya había iniciado trámites de juicio de sucesión y habían solicitado formalmente que se les entregara las llaves del apartamento. Nada de domestic partnership como en algunos Estados de gringolandia.

“Pero, puedo ir a la casa a retirar mis cosas y luego entregar las llaves?

“Sí, pero debo acompañarlo…. Solamente puede retirar su ropa y asuntos obviamente personales.”


Se fueron ambos al apartamento y, poco a poco, el pseudo-viudo recogió lo que le parecía pertinente, lo colocó en varias maletas y se dispuso a partir.

“Signore, veo algunas fotos que pudiera llevar.”

“Gracias, pero creo que mejor las dejo aquí y me llevo los recuerdos en mi mente.”

Entregó las llaves y cerró un capítulo de su vida.

Fue al hospital, donde todos sabían de la desaparición de Aldo en el tsunami. Presentó su renuncia inmediata ante la tristeza y poco asombro de sus compañeros y decidió que dejaría Italia lo más pronto posible y para siempre.

 

Panamá


Como le había contado al Doc cuando éste estuvo en Roma para el concurso en Arezzo, descubrió que tenía suficiente dinero en el banco para sobrevivir en Panamá durante un par de años sin trabajar y que hasta podría comprar un apartamento si lo deseaba.

Pero le pareció que lo más lógico era regresar al campo laboral. Y esto no fue nada difícil porque cumplía con todos los requisitos para ejercer la enfermería. Durante su vida en Roma siempre estuvo tomando clases de actualización y descubrió que podía optar por algún puesto administrativo, aunque debería esperar a que abrieran alguno a concurso, especialmente en el área de docencia o jefatura.

Alguien le dijo que en el Centro Médico Paitilla estaban necesitando personal en el área de partos, y una vez tuvo todos los papeles en orden presentó su candidatura, la que fue aceptada y su persona escogida en menos de una semana. Lo que más le causó gracia fue el comentario de la entrevistadora: “Aquí vienen muchas italianas a dar a luz…”

Su reacción mental fue: “Si no hablara italiano no me aceptarían.

“Y aquí estoy, Doc. Ya acomodado y haciendo lo que usted me hubiera dicho. El trabajo está bien; el hospital bien yeyé pero con unos horarios de locura. Como soy nuevo me tienen en turnos nocturnos… como vampiro, pero no de los modernos que soportan la luz del día. Pero lo cierto es que no me puedo quejar, y gracias a que usted siempre me hizo creer que yo no podía ser de esos gays que malgastan su vida”.

“Pero sigo siendo joven, Doc. OK, apenas cuarentón pero con pinta de treintañero y no me veo quedándome solo por el resto de mi vida…… Oiga, esta cripta está en panga… demasiado frío… Regreso otro día.”


Al cabo de algún tiempo se propuso darse una vuelta por la Calle Uruguay, donde estaban ubicados la mayoría de los centros nocturnos de entretenimiento de la ciudad. Entre ellos había una discoteca gay de la que había oído hablar.

En Roma nunca fue muy asiduo asistente a estos centros de entretenimiento, pero como no tenía amistades para recorridos socio-nocturnos en Panamá se metió en una como mera curiosidad.

La música tecno fue lo primero que lo trajo a la realidad de su grupo de identificación. Y ver la cantidad de personas básicamente jóvenes bailando o conversando despreocupadamente lo hizo sentirse relajado. Pidió una cerveza Balboa -- “para hombres” decía la propaganda televisiva en aquél tiempo -- y se sentó a la barra a observar.

No pasó mucho tiempo hasta que oyó que alguien decía su nombre.

“Hey, yo te conozco…. Tú estabas en una terapia de grupo con el doctor… y luego supe que te fuiste a Italia a trabajar y que luego te quedaste viudo…. ¿estás en Panamá ya de regreso, para siempre?

No se sintió sorprendido, porque sabía que en su país, y en la comunidad gay todo se llegaba a saber. Cualquier elemento nuevo era como echarle candela al fuego, y a los asistentes les encantaba el calor.

“Te invito a una cerveza y recordaremos los viejos tiempos…”


Los viejos tiempos se remontaban a un poco más de veinte años, por lo que habría mucho que tratar de recordar, o inventar si no había más remedio.

El antiguo compañero de terapia también estaba en sus cuarenta, aunque ninguno de los dos quiso confesar en qué ubicación etárea. En fin, cuarentones son cuarentones….

“Oye ¿cómo se murió el Doc?”


“Fue algo raro, aunque a mí no me extrañó porque yo lo conocía bien. Terminamos siendo muy buenos amigos desde como dos años después que me dio de alta…. Hasta viajamos juntos a Bocas del Toro y Los Ángeles.”


“Pero qué pasó”


“Se le murió la esposa hacía como cinco años y se la pasó huyendo de Panamá…. Lo veías por unos meses y luego te enterabas de que andaba por cualquier parte. Lo último que supe fue que estaba en Belo Horizonte y que al intentar cruzar una avenida se tropezó con un adoquín, cayó al suelo y un taxi lo atropelló.”


“No puedo creerlo… él que era tan cuidadoso… que si que había que mirar para ambos lados… que siempre había que tener un seguro de accidentes al viajar….”


“Pues en esta ocasión parece que bajó toda la guardia porque ni llevó su bastón, pero sí cumplió lo del seguro de accidentes. Tengo entendido que los hijos quedaron forrados…”

Nuestro “joven de cuarenta” recordó que a él no le quedó nada material de Aldo…. “No éramos familia…”

“Él me comentó que había hablado contigo cuando fue con el Música Viva a un concurso en Italia.”

“Creí que no le había dado mayor importancia al encuentro.”

“Bueno” -comentó el amigo - “¿Bailamos?”

“A ver qué sale, pues…”

Y el resto de la noche la pasaron entre baile, bebidas y reminiscencias, terminando con intercambio de números telefónicos.

Pero la despedida fue interesante. El nuevo amigo comentó: “Me parece que el Doc se sentiría orgulloso de nosotros…. No somos las locas que mucha gente pensó que seríamos…. Vaya, ambos profesionales y ‘gente seria’” - cosa que provocó risa a ambos y un abrazo de oso espontáneo como en la época de las terapias.

 

La Cripta

Un día decidió ir a conversar con el Doc, “a ponerlo al día…” Generalmente iba a la cripta a su hora de almuerzo, pero en esta ocasión tuvo que esperar hasta las seis de la tarde. Había tenido que hacer horas extras.

Al irse acercando al lugar avistó a alguien cerca y al poco tiempo reconoció a Martín, su antiguo compañero terapéutico.

“¿Tú aquí?

“Sí, como que el Doc tenía sus fans, porque he visto otras personas que estoy seguro de que fueron pacientes de él.”

“Y qué te hace venir”

“Yo recuerdo que en alguna ocasión él me dijo que había que aprender a cuestionarse antes de decidir algo… como si él hiciera preguntas…. Y es lo que he estado haciendo. ¿Es como una locura, no?

“Pero él no siempre tenía la razón…”

“Yo lo sé” - contestó Martín - “Pero me ayudo a ser más objetivo.”

“Creo que yo estoy haciendo lo mismo.”

“Pero mejor no nos ponemos ambos a conversar con él porque si nos ven nos llevan al psiquiátrico… Vámonos a Jimmy’s a tomar un café o a cenar.”

Y así se inició una relación social entre estos dos personajes que poco a poco fue tornándose emocionalmente más íntima.

Martín era invitado con frecuencia a la casa del Jefe de Enfermería y Profesor universitario, donde era recibido con sumo respeto y bastante cariño.

Y la familia de Martín tenía un comportamiento y actitud muy similar.

Tras alrededor de tres años de vuelta en Panamá el enfermero había logrado afincarse con raíces fuertes. Estaba en planes de comprar un apartamento, y tenia un auto japonés que lo sacaba de apuros de transporte. Eso sí, automático, “porque con los tranques de Panamá” los pies y rodillas sufren tanto como la caja de cambios del carro.”


Las visitas a la cripta fueron tornándose cada vez menos frecuentes, tal vez en la medida que no necesitaban “escuchar” las interpelaciones del Doc ante una decisión importante.

Pero los encuentros sociales entre Martín y su amigo se hicieron cada vez más estrechos. Solamente recordaba a Aldo si por casualidad pasaba por la calle en la que estaba el apartamento que tal vez había sido vendido por la familia.

Un día el enfermero comentó que le gustaría que fueran a pasar unos días fuera de la ciudad, y mencionó que no conocía Bocas del Toro.

Martín respondió que no le molestaría ir…. Al fin y al cabo él tenía ascendencia bocatoreña y conocía el lugar bien.

Bocas del Toro

A Martín le gustaba el Hotel Laguna…. “Está en la Avenida Central, tiene buen aire acondicionado, el restaurantito es bueno y está cerca del muelle.”

“Bueno, tú encárgate de todo y pagamos todo entre ambos, excepto el pasaje de avión, que es de cada uno.”

Y llegaron a la Isla Colón en el vuelo de la tarde y en pocos minutos estaban instalados en la recámara del hotel.

Nadie sabe quién decidió que la habitación tuviera una cama queen, pero ninguno de los dos protestó.

“Martín ¿cuál es tu lado de la cama?

“El derecho… ahí puedo abrazar mi almohada con el brazo derecho.”

Y sin más, el enfermero acomodó desocupó su maletín y colocó toda su ropa en el gavetero que estaba en la habitación. En cambio, Martín solamente sacó sus enseres de toilettes y los ubicó en el baño.

Ambos se cambiaron de ropa y quedaron en pantalones cortos, playera y chancletas rock-and-roll. E inmediatamente salieron a caminar por la isla.

Decidieron cenar en un restaurantito italiano, de los que empezaban a pulular en este paraíso caribeño. Y luego regresaron al hotel.

Encendieron la televisión y se acostaron a ver un programa que parecía ser interesante.

Pasado un rato el enfermero observó que Martín se había tornado inquieto y se veía preocupado.

¿Qué pasa, Martín?

“Me está dando un ataque de pánico.”

“Yo no traje nada para eso sino para problemas de estómago o alergia.”

“Bueno, por experiencia previa, vine preparado” y acto seguido sacó un pitillo de marihuana y lo empezó a fumar.

“¿Y eso?

“Es que cuando el Doc y yo vinimos a Bocas del Toro nos dieron esta misma habitación, pero con dos camas, y a él le dio un ataque de pánico y como no había medicinas para eso nos dijeron que aquí se fuma unos pases de marihuana y listo…”

En la medida que se fue tranquilizando el medio bocatoreño añadió: “Él me pidió un abrazo fuerte…. Y yo se lo dí…”

El enfermero lo miró a los ojos y vio algo diferente…. Le pidió que se pusiera de pie y lo rodeó con sus brazos en un abrazo de oso que le recordó viejos tiempos… Y abrió una puerta hacia el futuro.

Ciudad de Panamá, 30 de Abril de 2010