lunes, 4 de enero de 2010

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Esta había sido la primera separación de su patria, y su actitud relativamente sin importar y su aparente independencia emocional de sus familiares, amistades y tierra encerraban una verdadera separación.

Al despertar luego de un sueño muy largo empezó a sentir un vacío en su pecho y escenas de su vida en Panamá empezaron a proyectarse en su frente como una pantalla pero con los ojos cerrados. Y decidió rendirse ante sus sentimientos.

Se refugió en el inmenso baño, el cual le recordó uno similar en un hospital, especialmente por las baldosas, blancas, que recubrían todas las paredes. Y mientras se sentó en el excusado se soltó. Empezaron a salir lágrimas de lugares donde jamás pensó que se producían.

El ataque de llanto demoró un buen rato porque cuando pasó cayó en cuenta de su estado de deshidratación, lo cual lo hizo correr a la pluma de agua. Unas horas más tarde sufrió diarrea debido a que su estómago no estaba preparado para el agua romana, aún.

Le había escuchado a su terapeuta que era buena idea ponerle un alto violento a ataques de tristeza, lo cual hizo frente al espejo del baño mientras se dió una fuerte cachetada en la mejilla derecha y se dijo, en voz audible: -"¡Para... no más llanto y sigue adelante!"

Después de eso se sintió listo para encarar su nueva etapa de vida.