miércoles, 6 de enero de 2010

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Si bien era cierto que había una gran escasez de personal de enfermería en Italia, también era cierto que no era asunto de llegar y quedar empleado. Las exigencias eran bastante estrictas, y las mejores oportunidades las tenían aquellos que tenían alguna especialidad más allá de sus conocimientos básicos de la profesión.

Además, aquello de aprender únicamente el italiano para conversación no fue nada realista, y el muchacho tuvo que añadir un programa para alfabetizarse en el idioma.

De manera que, al final de los tres meses se sintió lo suficientemente preparado como para tomar un curso de preparación para el parto. Y, para variar, resultó ser el único varón en el mismo, lo cual lo puso en apuros porque su carisma y buena presencia lo hacían sumamente atractivo. Aunque, lo salvaba su corta edad ya que parecía que las compañeras preferían conquistas de aparente mayor experiencia.

Y, al revés de la moneda, sí era motivo de aproximación para compañeros de hospital en el cual estaba tomando el curso. Pero no le prestaba mayor atención al casi asedio porque consideró que necesitaba enfrascarse de lleno en sus actividades de aprendizaje profesional. Además, quería probarse que podía mantenerse fiel a su patrocinador.