martes, 26 de enero de 2010

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Su turbación fue tanta que en un impulso al caminar sobre las aceras bordeando el río Arno que recorre la ciudad de Florencia vió un grupo de personas inmersas en sus engañosamente limpias aguas. Se quitó la ropa, quedó en calzoncillos y se tiró al caudal acuoso.

Como había más gente no se sintió ridículo y sus amigas reían como madres orgullosas ante las travesuras de un niño que ya frisaba los treinta años.

El frío del agua le disminuyó la urgencia sexual que surgió con una fuerza inesperada frente al David.

Y en algún momento recordó una conferencia de su terapeuta en la que expuso su hipótesis sobre la tercera edad iniciándose a los treinta años para los gay.

Ya estaba en los albores de dicha década e hizo un rápido recuento de sus alcances. Dinero en el banco... suficiente para vivir un par de años sin trabajar ... una pareja a tiempo parcial ... un trabajo permanente que le satisfacía. Pero sentía una intranquilidad entre física y emocional que le intrigaba. Era como si la seguridad que había adquirido no fuera suficiente.