martes, 2 de febrero de 2010

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Llegaron con antelación a la iglesia, y al leer la lista de los miembros del coro se encontró con un par de nombres conocidos en el folletito sobre el coro. Especialmente el de un compañero de universidad que estudiaba en la Escuela de Medicina y ya era médico. El otro fue el de su ex-terapeuta, a quien jamás imaginó ver por aquellos lares.

Entre el público avistó a los embajadores de Panamá en la Santa Sede, una pareja de pianistas-concertistas de gran fama y sencillez, quien extendió una invitación a una pequeña recepción a todos los panameños que habían asistido al concierto.

Se acomodaron en su puesto y apenas se inició el programa le dedicó menos atención a la música que a la búsqueda de su Doc, como él lo llamaba. Lo avistó en la cuerda de los bassi.

Mientras que en las terapias de grupo él manejaba el grupo, aquí era simplemente uno de los instrumentos que controlaba el Maestro. Y al mucho le causó alguna incomodidad ver a su terapeuta en el papel de una tecla, por muy importante que fuera.