domingo, 2 de octubre de 2016

Los ruidos y las alturas

A través de los años mi Ciudad de Panamá ha ido creciendo no solamente horizontalmente sino verticalmente. Para mí esto ha tenido una serie de efectos especiales, especialmente relacionados con el descubrimiento del ruido de nuestra urbe.

Durante muchos años viví en edificios de poca altura, no solamente en esta ciudad sino en Estados Unidos y España.  Debido, tal vez, a la cultura del lugar, se podía dormir a cualquier hora del día sin ser despertado por ruidos casi ensordecedores -- ni de automóviles, buses ni música estruendosa.

Cuando regresé a Panamá hace muchos años viví primero en un edificio de poca elevación, y luego en un condominio de iguales características.  El área del condominio era pacífica en todo sentido.  Más adelante nos mudamos a un lugar en el cual no había más que casas -- en su mayoría de un piso y con dos en áreas especiales.  Esto resultó ser un paraíso de quietud.  Basta decir que no se escuchaba nada que no proviniera de la misma residencia.  De más está decir que me acostumbré al silencio.

Ahora, ya viejo, tengo un lugar de retiro, donde puedo tomar un par de días de descanso de los quehaceres de cuidar nietos, mis mascotas y uno que otro oficio doméstico que me permito efectuar.  La vista desde este refugio es espectacular.  Puedo ver el Océano Pacífico desde el balcón y los aviones descendiendo hacia el aeropuerto Tocumen.  Mas, es cierto aquello de que nada es perfecto.

Nunca le había dado mucha importancia a las leyes de la física, especialmente aquella que explica que el sonido se eleva y se escucha más entre más altura alcance.  Vaya, desde el piso 20 puedo recibir el sonido de toda la ciudad circundante.  Desde la música más escandalosa reggaesera hasta los carros y motos que pasan haciendo alarde de sus troneras, amén de los choques entre autos que no respetan las luces en la intersección cercana al edificio.

Tengo que admitir que me encanta observar desde mi elevado balcón todos los edificios que van surgiendo a lo lejos, Aunque a su vez me voy adaptando a la realidad de que independientemente de la clase socio-económica, mis congéneres son escandalosos.  Estoy convencido de que la única diferencia es que a nivel de tierra se nota menos.

¿Qué importancia tiene mi reflexión?  Realmente, ninguna, más allá de la libertad que me da la edad para decir lo que pienso.