martes, 16 de mayo de 2017

Cuando La Ciencia Se Atrasa III

Cuando La Ciencia Se Atrasa III 

Dr. Alejandro Canton-Dutari


En el año 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría eliminó la homosexualidad del Manual de Diagnósticos de Enfermedades. Realmente, el proceso se inició con la primera eliminación por el American Bar Asociation – Asociación Americana de Abogados. Finalmente, fue avalado por la Asociación Médica Americana – léase U.S.A. Tomó un par de décadas para que la Organización Mundial de la Salud – OMS – hiciera lo mismo.

Lo anterior tuvo una característica muy importante: La decisión no fue basada en ninguna evidencia científica sobre su génesis. Aunque sí se pudo determinar que no era cierto que este grupo de personas sufriera de características psiquiátricas o psicológicas exclusivas.  Por lo tanto, no era lógico que se les considerara enfermos mentales.  Fue una decisión por presión del grupo minoritario muy bien organizado – lo que en USA denominan ‘lobbying’. En otras palabras, la lucha por los derechos humanos triunfó. En la actualidad, las creencias del grupo tienen mucho peso por la falla de la ciencia.

En la actualidad, estoy completamente enredado con la variación de denominaciones que se están utlizando para identificar cada diferencia en la expresión de la sexualidad, identidad, orientación y no sé qué más entre los seres humanos.

La característica transgénero – en mis tiempos conocida como transexualidad – está pasando por un movimiento social similar a lo que ocurrió con la homosexualidad. El problema es que no hay, aún, un consenso entre los miembros organizados que padecen esta ‘disforia de género’. De hecho, esta condición aún es considerada enfermedad. Gracias a esto en algunos lugares – California, por ejemplo – el Estado paga las reubicaciones quirúrgicas necesarias. Si se elimina la disforia de género como enfermedad, esta ventaja se perdería. De paso, las compañías de seguros tienen que admitir pagar tratamientos por disforia de género en estos momentos..

Si bien es cierto que los derechos humanos y derechos civiles son importantísimos para lograr cierto equilibrio social, hay situaciones donde la ciencia debe darnos guía. Desgraciadamente, ni en el caso de la homosexualidad ni en el ámbito transgénero la ciencia ha podido ofrecer resultados determinantes para poder entender estas variaciones en la sexualidad humana.

Recuerdo una paciente mía que me resumió su preocupación en cuanto al proceso de transformación de mujer a hombre: “Al final sería un hombre artificial”. Como no cumplía los seis requisitos para el diagnóstico no se continuó el proceso.

El desfase entre la ciencia y la vivencia humana ha traído como consecuencia que los profesionales que trabajan en estas áreas generalmente determinan sus planes terapéuticos de acuerdo a lo que les convence de las hipótesis o teorías a las que son expuestos, e incluso por sus intereses de vida personal.
Esto ha traído como consecuencia la aparición de programas terapéuticos que no siempre han sido adecuados. También se suma la desaparición de otros.


 Creo que no he sido políticamente correcto, pero no quiero cerrar los ojos cuando me llegue el momento sin decir mi opinión.

viernes, 5 de mayo de 2017

Cuando La Ciencia Se Atrasa - II

Cuando La Ciencia Se Atrasa – II

Dr. Alejandro Canton-Dutari


Cuando inicié mis estudios universitarios – hace varias décadas – descubrí que mucha gente era estereotipada por sus dolencias. Recuerdo que muchos de mis conocidos – compañeros estudiantes y profesores – eran catalogados como amargados. Se les reconocía por tener poca paciencia, rígidos en sus relaciones interpersonales. Más adelante, aprendí que se les colocaba en el tipo de personalidad llamado Tipo A.

Una de las características de las personas con personalidad Tipo A era sufrir, con mucha frecuencia, de trastornos gástricos – úlceras estomacales. Realmente, creo que sufrir constantemente de dolor y acidez estomacal puede acarrear un estado permanente de descontento. Lo cierto es que en aquellos tiempos, sufrir de úlcera estomacal trajo como consecuencia un rechazo a las personas que la padecían. Eran percibidas como personas poco gratas.

En el caso anterior NO recuerdo la existencia de personas sufrientes de úlceras estomacales siendo maltratadas por grupos religiosos. De hecho, recuerdo varios profesores sacerdotes en mi colegio que sufrían de úlceras estomacales. Pero tampoco recuerdo un grupo de personas con personalidad Tipo A organizándose para defenderse. Simplemente aprendieron a resignarse a su padecimiento.

En las últimas décadas del siglo pasado se descubrió que las úlceras gástricas eran producidas por una bacteria llamada Helicobacter Pylori. Esto trajo como consecuencia que rápidamente la ciencia encontrara un tratamiento que la eliminaba de manera eficaz. Como beneficio adicional, los psiquiatras y psicólogos clínicos dejaron de tener tantos pacientes “amargados”, y estos emigraron a las consultas de los médicos gaestroenterólogos e infectólogos.

Como vemos, cuando la ciencia descubre la génesis de los trastornos se disminuye el impacto del rechazo social.

En este milenio está ocurriendo algo interesante: Las gente con padecimientos inexplicables científicamente están organizándose para protegerse del rechazo social por ser percibidos como diferentes – negativamente. Una ventaja es que de alguna manera están obligando que los científicos incrementen sus investigaciones.


 De esto comentaré en mi siguiente entrega.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Cuando la Ciencia se Atrasa

Cuando La Ciencia Se Atrasa

Dr. Alejandro Canton-Dutari

En estos tiempos se ha agudizado la discusión sobre Derechos Civiles, Religión y los conceptos de Igualdad Humana – tema que siempre ha interferido con mi proceso de deglución.

Desde que empecé a desenvolverme en el área de la psicología clínica, especialmente concentrándome en el comportamiento sexual humano, tuve que enfrentarme a realidades que se me hacían contradictorias.

Por ejemplo, siempre me molestó que la ciencia iba muchos pasos atrás para explicar las diferencias en el desarrollo físico, emocional e intelectual de los seres humanos. Aprendí que desde hace milenios el ser humano intentó explicar por qué ocurrían cosas fuera de lo común y fuera de su control.
En su búsqueda de una respuesta conciliadora aparecieron los shamanes, brujos y, ya con más formalidad, los sacerdotes en sus diversas denominaciones y grupos.

En mi temprana juventud me relacioné con la Biblia. Me llamaba la atención la cantidad de prohibiciones, especialmente en el área de la alimentación. Luego me enteré que no comer puerco era para evitar la triquinosis; los mariscos eran propensos a la rápída descomposición. Más adelante, me encontré con los ritos sexuales judíos en los cuales la mujer menstruante era considerada “impura.” Resultó que el grupo judío tenía que promover la reproducción, dictaminando que mejor no acercarse si la concepción no era posible. En cambio, durante el período “puro” tenían que funcionar como conejos y rogar que se produjera un varón. El no acostarse varón con varón tenía el mismo mensaje: Si no es posible la reproducción de la especie… Curiosamente, no dice nada de mujer acostándose con mujer.

Hasta el siglo pasado era “legal” tanto civil como religiosamente, recluir a los leprosos en lo que eran realmente campos de concentración. Esto se hacía para evitar la propagación de la enfermedad. Una de las comunidades más famosas se estableció en Hawaii. En Panamá tuvimos un leprosorio que fungió hasta que murió el último de sus habitantes. Cuando apareció el VIH, y aún no se conocía su génesis hubo quienes sugirieron aislar a los pacientes en áreas-guetos similares. Panamá tuvo sus voceros.

Ya la lepra encontró su némesis cuando el médico e investigador venezolano Jacinto Convit descubrió su cura a finales del siglo pasado. Con el VIH se va por un camino similar gracias a las investigaciones de  MontagnierBarré-Sinoussi . Tuve la suerte de conversar en Panamá con el Dr, Montagnier y le comenté que la ventaja de esta nueva infección era que los pacientes ya empezaban a tener voz, cosa que no ocurrió en la mayoría de las enfermedades precedentes. En otras palabras, parecía que la ciencia ya iba a la misma velocidad del padecimiento.

Empero, fueron surgiendo otras condiciones que eran consideradas enfermedades para las cuales la ciencia no estaba andando a la misma velocidad. Y me refiero a todo lo relacionado con el espectro de la sexualidad humana: Su identificación, expresión y los sentimientos. En este caso, estamos igual que en los tiempos de los shamanes, sacerdotes y demás.

Escribiré más sobre este tema en la próxima entrega.