miércoles, 3 de mayo de 2017

Cuando la Ciencia se Atrasa

Cuando La Ciencia Se Atrasa

Dr. Alejandro Canton-Dutari

En estos tiempos se ha agudizado la discusión sobre Derechos Civiles, Religión y los conceptos de Igualdad Humana – tema que siempre ha interferido con mi proceso de deglución.

Desde que empecé a desenvolverme en el área de la psicología clínica, especialmente concentrándome en el comportamiento sexual humano, tuve que enfrentarme a realidades que se me hacían contradictorias.

Por ejemplo, siempre me molestó que la ciencia iba muchos pasos atrás para explicar las diferencias en el desarrollo físico, emocional e intelectual de los seres humanos. Aprendí que desde hace milenios el ser humano intentó explicar por qué ocurrían cosas fuera de lo común y fuera de su control.
En su búsqueda de una respuesta conciliadora aparecieron los shamanes, brujos y, ya con más formalidad, los sacerdotes en sus diversas denominaciones y grupos.

En mi temprana juventud me relacioné con la Biblia. Me llamaba la atención la cantidad de prohibiciones, especialmente en el área de la alimentación. Luego me enteré que no comer puerco era para evitar la triquinosis; los mariscos eran propensos a la rápída descomposición. Más adelante, me encontré con los ritos sexuales judíos en los cuales la mujer menstruante era considerada “impura.” Resultó que el grupo judío tenía que promover la reproducción, dictaminando que mejor no acercarse si la concepción no era posible. En cambio, durante el período “puro” tenían que funcionar como conejos y rogar que se produjera un varón. El no acostarse varón con varón tenía el mismo mensaje: Si no es posible la reproducción de la especie… Curiosamente, no dice nada de mujer acostándose con mujer.

Hasta el siglo pasado era “legal” tanto civil como religiosamente, recluir a los leprosos en lo que eran realmente campos de concentración. Esto se hacía para evitar la propagación de la enfermedad. Una de las comunidades más famosas se estableció en Hawaii. En Panamá tuvimos un leprosorio que fungió hasta que murió el último de sus habitantes. Cuando apareció el VIH, y aún no se conocía su génesis hubo quienes sugirieron aislar a los pacientes en áreas-guetos similares. Panamá tuvo sus voceros.

Ya la lepra encontró su némesis cuando el médico e investigador venezolano Jacinto Convit descubrió su cura a finales del siglo pasado. Con el VIH se va por un camino similar gracias a las investigaciones de  MontagnierBarré-Sinoussi . Tuve la suerte de conversar en Panamá con el Dr, Montagnier y le comenté que la ventaja de esta nueva infección era que los pacientes ya empezaban a tener voz, cosa que no ocurrió en la mayoría de las enfermedades precedentes. En otras palabras, parecía que la ciencia ya iba a la misma velocidad del padecimiento.

Empero, fueron surgiendo otras condiciones que eran consideradas enfermedades para las cuales la ciencia no estaba andando a la misma velocidad. Y me refiero a todo lo relacionado con el espectro de la sexualidad humana: Su identificación, expresión y los sentimientos. En este caso, estamos igual que en los tiempos de los shamanes, sacerdotes y demás.

Escribiré más sobre este tema en la próxima entrega.


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